Recuerdo que eso decía mi abuelo y pienso que es una buena primera reflexión frente al empréstito de 650 mil millones de pesos que está buscando el alcalde Jorge Iván Ospina.
Nunca como hoy nuestra Cali se había enfrentado a un panorama de más incertidumbre: en el primer semestre de este año se perdieron más de 300 mil empleos; solo en sectores como el del entretenimiento y el artístico 7 de cada 10 personas perdieron su puesto. El efecto sobre el comercio fue devastador, afectando casi a 53 mil caleños.
Hotelería y Gastronomía, 35 mil empleos, y, para rematar, las microempresas en nuestra ciudad representan el 90 % del tejido empresarial, por lo tanto para nosotros el efecto económico de la pandemia ha sido incuantificable.
Esta situación tiene su explicación en que Cali, a diferencia de otras capitales, como Bogotá y
Medellín, depende en mayor proporción del sector terciario o de servicios, que en últimas ha sido el más afectado y el que presenta mayores riesgos e inconvenientes para revincularse a la vida productiva . En otras palabras, pese a la apertura y reactivación paulatina, contamos actualmente con una cifra cercana a los 230.000 desempleados, lo cual es un drama al que es nuestra obligación buscarle soluciones antes de que se torne en inmanejable.
Por eso la plata sirve es cuando se necesita y definitivamente este es el momento indicado para buscar los recursos asumiendo la realidad que estos no van a llegar ni de la parte tributaria y mucho menos de las transferencias.
Ahora, si bien es clara la necesidad de los recursos, esta misma necesidad nos obliga a ser exegéticos con la selección de los proyectos a desarrollar; $650 mil millones son una gruesa cifra, pero frente a la magnitud del problema que estamos enfrentando, a todas luces resulta insuficiente, y más si no se invierten en proyectos que tanto en su ejecución como particularmente en su desarrollo se conviertan en pilares de reactivación económica, generación de empleo y en posibilidades de consolidación de nuestras potencialidades, como por ejemplo el turismo.
Adicional a esto resulta mucho más práctico y coherente embarcarnos en procesos que tengan algún nivel de desarrollo que agilice su materialización; no tendría sentido frente a la premura que tenemos embarcarnos en ejecutorias a tres años .
Y dado que los 19 proyectos cuestan $2,2 billones, es decir el triple del monto del préstamo, es total y absolutamente necesaria la priorización para darle a la ciudadanía el mensaje de tranquilidad que el esfuerzo y sacrificio al que vamos a someter las finanzas de nuestro Distrito tiene una válida justificación.
Desde mi óptica, marginar temas como la seguridad, ignorando el costo que no solo en vidas sino en posibilidades económicas tiene para nuestra casa común, es un craso error; o si no pensemos con 108 homicidios en un mes, qué turistas o inversionistas van a interesarse en nuestra ciudad.
Invertir en tecnología podría generar un punto de quiebre para enfrentar la inseguridad y compensar la falta de pie de fuerza, que es una de las causas de nuestra vulnerabilidad ante la delincuencia.
Otro tema es la formación en áreas que nos hagan competitivos internacionalmente, que nos particularicen, que nos den las herramientas para dar un salto al sector cuaternario: a la parte de la economía basada en el conocimiento: información, tecnología, consultorías e investigación.
Pero, bueno, ahora toca poner los pies en la tierra, asumir lo que hay y velar para que se haga bien. Respondiendo las dudas, buscando puntos de encuentro en medio de la diferencia.
Entendiendo que nadie puede endilgarse la potestad de poseer la verdad absoluta y teniendo como única certeza que de ese gran acuerdo de voluntades y visiones dependerá la supervivencia y el futuro de esa casa común llamada Santiago de Cali.
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