Hay noticias que nos dejan sin aliento y otras que nos cortan el vuelo. El Gobierno de Colombia decidió lanzarle un salvavidas a Avianca. Lo socializó casi en simultaneidad al anuncio del levantamiento de la cuarentena obligatoria. Justo en el momento que pone a la población de este País de cara al desafío de recuperar su golpeada economía en las circunstancias impuestas por la “nueva normalidad”.
Por supuesto la noticia de la destinación de nuestros recursos públicos, a facilitar el rescate de esta compañía privada ha generado todo tipo de reacciones.
Nadie pelea con la idea de que con sus 200 años de tradición, y el vínculo de su historia con Colombia, Avianca es un ícono para la aviación del País, y menos, con la verdad absoluta de su influencia sobre nuestra conectividad y por la misma razón, sobre nuestra competitividad. Tampoco se desconocen los 20.500 empleos que genera.
El punto no es oponerse a que un privado que ha sido un jugador importante en la economía del País, reciba apoyo del gobierno. Lo que resulta impresentable es la forma como el Gobierno del presidente Iván Duque ha venido priorizando el gasto público durante la Pandemia, y lo que revelan las cifras cuando se le pone lupa a las inyecciones financieras de “salvamento” a los sectores que están en riesgo. Allí radica la indignación de una inmensa mayoría de la población colombiana.
El Préstamo de los colombianos a Avianca, por valor de 370 millones de dólares, representa 1.3 billones de pesos colombianos y saldrá del Fondo de Mitigación de Emergencias (FOME). De ese mismo fondo se esperaba por parte de muchas instituciones de educación superior que se financiara la matrícula cero para garantizar la continuidad de estudios de una buena parte de jóvenes sin empleo que cursan sus carreras universitarias, y de quienes aspiraban en un momento tan adverso, poder acceder a su formación profesional.
Era también a través del FOME que varios congresistas como Iván Marulanda y Juan Luis Castro Córdoba, proyectaron la viabilidad de una renta básica durante el periodo más difícil del confinamiento que hubiera evitado a los colombianos más vulnerables incumplir con el aislamiento, exponiéndose al contagio en medio del rebusque.
Empresas pequeñas, medianas y grandes que quebraron y otras que siguen en cuidados intensivos continúan clamando por similares actos de generosidad. El auxilio a la nómina y la “condonación”, -mejor, el aplazamiento-, de algunas obligaciones tributarias durante el periodo de gracia otorgado, pasaron al olvido, cuando se conoció que su salvavidas, al lado del de Avianca, termina viéndose como un frágil flotador lanzado en un maremoto.
Y es que la tabla de salvación para Avianca, representada en un crédito con tantos ceros a la derecha, genera sinsabores cuando se recuerda que es una muy significativa ayuda para una empresa que estaba quebrada desde antes de la pandemia, con escándalos de corrupción y lo peor, sin domicilio y sin tributación en Colombia! Los impuestos que paga Avianca provienen de los pasajeros. La autoridad nacional de impuestos no percibe tributos de su ejercicio operacional. Esto, para nuestros empresarios que sí tienen una carga fiscal que se constituye en una de las mayores dificultades de sostenimiento, representa una burla.
Pasemos a la movilidad terrestre. El hueco estructural de los transportes masivos de Colombia se vio agravado este año por la pandemia. Según estimaciones preliminares, solo por la menor operación de los sistemas durante el confinamiento, se abrió un déficit de $1,9 billones. Transmilenio, El Mio y Transcaribe, entre los agonizantes. El faltante más grande es para el sistema de Bogotá, que si todo sigue como va, podría dejar de recibir $1,1 billones solo por cuenta del coronavirus. Los demás tendrían también un impacto negativo cercano a los $800.000 millones sumados los balances de las demás entidades.
Son 8 las ciudades capitales cuyos sistemas de transporte están al borde del colapso por déficits estructurales aumentados por la pandemia. La alcaldesa de Bogotá, Claudia López recordó que solo Transmilenio va en $2 billones de déficit y le ofrecieron 0,2 billones de crédito y a Avianca “de un plumazo” le anunciaron 1,3 billones.
Vamos al más neurálgico de los sectores: el de la salud. En la Ley de punto final se estableció que el País necesitaba 5.5 billones para ponerse al día en sus deudas con el Sistema de Salud. Hasta el momento se han girado 2.5 billones. Nada más apremiante que resolver los problemas estructurales del sector del que depende en gran parte la vida y el bienestar físico y mental de los colombianos.
Y sí de salvavidas se trata, son muchos los sectores que se ahogaron esperándolos…Nadie evitó el cierre de restaurantes, peluquerías, hoteles y miles de establecimientos de comercio de distintos sectores que dinamizan la economía nacional. Muy pequeños han sido los flotadores lanzados para los emprendedores y las mipymes; y más vergonzante es poner la cifra a inyectarse en una sola empresa, al lado de los recursos asignados a sectores cruciales, cuando ésta se acerca a lo que por ejemplo invertirá este gobierno al sector agropecuario en toda Colombia (1.7 billones).
Es obvio que ningún gobierno del mundo estaba preparado para la hecatombe económica de una pandemia. También es cierto que los recursos son finitos, se agotan. Allí es donde el criterio de priorización estratégica juega un gran papel.
Avianca puede ser una empresa priorizada estratégicamente para la reapertura del País y su reactivación económica, pero hay que recordar que no somos responsables de sus malos manejos y tampoco es cierto que Colombia vaya a dejar de ser competitiva si a una empresa extranjera de la que hemos dependido en transportes aéreos le va mal.
Necesitamos apertura y garantías dentro de las leyes del mercado para otras empresas y aerolíneas.
Desde esta tribuna de opinión le pido al gobierno nacional, en nombre de los colombianos, que revise su priorización del gasto público y la destinación que hace de los recursos del FOME, como consecuencia de ese ejercicio de escogencia que es tan relevante para nuestro futuro inmediato. Lo indignante no es intentar rescatar a Avianca. Lo indignante es lo que esto comunica cuando se trata de una empresa que no se rige bajo el marco legal nacional y tampoco tributa en Colombia. ¡Eso nos corta el vuelo!
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