Asombrado, por decir lo menos, es lo que siente el espectador al terminar la película coreana “Parásitos”. Escenas simples, sencillas, que muestran una ciudad cosmopolita, con todas sus ruindades, vicios y las dificultades de una familia desempleada que toma servicio de wi-fi de casas y locales vecinos, mientras tratan de obtener ingresos por su labor casi artesanal de doblar cajas para pizzería, de mnera mediocre.
También, al otro lado de la ciudad, una familia de un prestigioso arquitecto vive sobre lujos y comodidades a tope, lo que contrasta -tenazmente- con la pobreza de la primera familia.
Ambos grupos familiares se van entrelazando poco a poco, cuando uno de ellos logra incrustarse tramposamente en la familia adinerada. El subterráneo es otro de los personajes de la película. ¿Allí viven los parásitos?
En “Parásitos” se muestra la habilidad del ser humano para sobrevivir en situaciones de precariedad. Esa condición que atañe a todos indistintamente de la nacionalidad y que en ocasiones nos hace sentir frágiles, pero que igual, nos obliga a ser creativos, algunos atendiendo las reglas sociales y normativas, y en otros casos saltándoselas para lograr su objetivo.
Esta película en 2019 en el festival de Cannes – donde se estrenó- obtuvo el premio Palma de Oro, siendo la primera película coreana en lograr ese galardón. Ahora vienen los Oscar y está nominada a mejor película, mejor director, mejor guion original, mejor película internacional, mejor montaje y mejor diseño de producción, en los que seguramente obtendrá varios de ellos; porque si bien el final no es lo mejor, lo demás, es para replay.
Comments
Fin de los artículos
No hay más artículos para cargar






