La escena es atroz: niños cruzan un caudaloso río sobre una balsa artesanal, hecha de maderos unidos con sogas, para poder llegar a la escuela de su vereda de nombre poético, San José de Campo Lajas, del municipio de Sardinata, Norte de Santander. El río, con nombre majestuoso, Nuevo Presidente, está infestado de caimanes que intentan alcanzarlos cuando cruzan en la balsa. Dicen que incluso a una niña, uno de los caimanes le provocó la muerte, en una de las orillas del río.
Pareciese un relato de inframundo o de un país lejano. Sin embargo es la realidad que padecen estos infantes, que quieren llegar a realizar sus actividades académicas en una zona apartada de la urbe, donde el cuento es diferente.
Como defensor de derechos humanos, el Personero del pueblo interpuso una acción de tutela para que el Municipio y la Gobernación reconstruyeran el puente quebrado, que impedía el paso y obligaba a los niños a pasar en la balsa por el río.
Esa historia llegó a la Corte Constitucional a través de la acción de tutela y fueron amparados los derechos de los niños a través de la sentencia T-209 de 2019, ordenando la reconstrucción del puente, salvaguardándolos del riesgo de ser mutilados o ahogados por un caimán. Esa es la decisión judicial que ha sido reconocida como la mejor del año 2019, según la exaltación dada por la Corporación Excelencia en la Justicia.
Viñeta: Lamentable que retorne el secuestro, y esta vez el de un ganadero de toros de lidia, Juan Manuel Domínguez.
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