Jorge Iván Ospina Gómez es hincha del América de Cali, y pareciese que el slogan de ese equipo de fútbol lo hiciese propio: es la pasión de un pueblo. Solo es verlo caminar por las empinadas calles de la ladera, por algunos angostos pasadizos del oriente, y la gente sale a saludarlo porque se refleja en él, y saben que posibilitará una Cali mejor.
Conoce el barro, las angustias de los humildes, los sinsabores de la política, como también sabe interpretar las realidades y dinámicas de esta ciudad. Parece un antropólogo, me dijo alguna vez en una cena en mi apartamento una amiga extranjera, que lo escuchaba hablar sobre la diversidad cultural en Colombia.
Fue director del centro hospital Marroquín – Cauquita, asesor de paz del Valle, director del HUV, secretario de Salud y Gobierno municipal, alcalde, senador; por si fuera poco, es un lector de Carpentier, Hemingway, William Ospina, Fals Borda, Castell y Canclini. Por eso no es ajeno a ningún tema que se ponga en las tertulias que cotidianamente hacemos, y tiene conocimiento para abordar las problemáticas de lo público.
Cali necesita verlo de nuevo dirigiendo sus designios para sacarla de este muladar en que la han dejado, empoderarla nuevamente, que se sienta el corazón latiendo junto al de los caleños que pedimos que retorne al CAM.
Su experiencia no es de ahora, ni de improvisación. Ha hecho carrera pública y política. Tiene la voluntad popular, y el 27 de octubre tendrá la voluntad electoral.
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