Cali, diciembre 10 de 2025. Actualizado: martes, diciembre 9, 2025 23:47

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El arte de no confirmar: la gente que nunca dice si va o no

Hay un tipo de persona que la ciencia todavía no logra clasificar: el que nunca confirma si va o no. No dice sí, no dice no, no dice tal vez. Solo deja el mensaje en visto y genera ansiedad colectiva.

Son los Houdinis de la organización social: aparecen y desaparecen sin previo aviso. Y lo más desconcertante es que todos tenemos uno en nuestro grupo… o somos ese alguien.

Organizar una reunión con amigos hoy es como planear un operativo militar. Primero se propone el plan: “viernes, ocho, en la casa de Laura”.

Luego empieza el desfile de evasivas. Uno dice “me anoto, pero te confirmo”. Otro responde con el clásico “depende del tráfico”. Uno más pregunta “¿quiénes van?” para decidir según el elenco. Y ahí empieza el suspenso.

Los “no confirmadores” viven en un limbo social. Su energía vibra entre el entusiasmo y la desaparición.

Responden con emojis ambiguos, frases como “suena bien” o “vamos viendo”. En teoría están interesados, en la práctica no aparecen. Son los campeones del ghosting logístico.

Cuando llega el día del plan, hay tres posibilidades:

  • Que no aparezcan y digan el domingo “ay, pensé que se había cancelado”.
  • Que lleguen dos horas tarde con cara de sorpresa: “¿ya habían empezado?”.
  • Que lleguen sin avisar, justo cuando ya todos estaban recogiendo.

La sociedad debería crear un código universal de confirmación. Algo tan simple como un semáforo: verde (voy), amarillo (intenciones inciertas), rojo (ni lo sueñes).

Así se acabarían los hilos de chat eternos. Porque no hay tortura mayor que ese grupo donde todos dicen “confirmo más tarde” y nunca lo hacen.

¿Un tema de poder?

Lo peor es que el “no confirmar” se ha vuelto una forma moderna de mantener el poder. El que no responde tiene el control. Mantiene a todos expectantes.

Es el equivalente social de dejar a alguien en visto. Mientras los demás se esfuerzan por cuadrar todo, el indeciso vive en paz, sabiendo que su decisión moverá los hilos del destino.

Hay distintas categorías dentro del género. Está el Optimista Profesional, que dice “voy” sabiendo que no irá. El Vago Filosófico, que pregunta “¿qué se siente si voy?” como si fuera una meditación.

El Fantasma Responsable, que dice “no sé todavía” y nunca más vuelve a pronunciar palabra. Y el Espontáneo Heroico, que aparece sin aviso y se autoproclama “sorpresa de la noche”.

El resto del grupo sufre. Porque organizar un plan con adultos es más difícil que cuadrar vacaciones con cinco ministerios.

Entre la pareja que no puede, el que trabaja, el que “no tiene ropa”, el que “depende del clima” y el que “te avisa después de la siesta”, el entusiasmo original se disuelve en frustración.

Miedo al compromiso

Detrás de esa indecisión colectiva hay algo más profundo: miedo al compromiso. No a casarse ni a tener hijos, sino al simple hecho de decidir.

Vivimos en una era donde todo es flexible: trabajo remoto, relaciones abiertas, planes cambiantes. Decir “sí” suena arriesgado, y decir “no” parece grosero. Entonces optamos por el limbo.

Pero, admitámoslo, todos hemos sido esa persona alguna vez. A veces no confirmamos porque no sabemos cómo nos sentiremos ese día.

Porque queremos tener la opción de cancelar sin culpa. Porque el plan suena divertido, pero el sofá suena mejor.

Aun así, deberíamos recuperar la valentía del “sí” y la dignidad del “no”. Confirmar es un acto de madurez, una declaración de intenciones.

Decir “no voy” también es una forma de respeto. Porque cuando no confirmas, no solo dejas al otro esperando: te robas su entusiasmo.

Así que la próxima vez que te pregunten si vas o no, sé valiente. Di la verdad. Si vas, ve. Si no, no. Pero no digas “te aviso”, a menos que de verdad vayas a hacerlo.

Porque en el fondo, la indecisión no es elegancia: es pereza emocional. Y no hay sticker de WhatsApp que la justifique.

Confirmar, al final, es un gesto de amor moderno. Es decir “cuento contigo” y “puedes contar conmigo”. Y en un mundo donde todos están “viendo si pueden”, eso ya es casi un milagro.

Este artículo fue elaborado por un periodista del Diario Occidente usando herramientas de inteligencia artificial.


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