Cali, julio 13 de 2020. Actualizado:

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La pandemia también pasará

No deje de soñar con un mejor mañana

Marcela Onzaga F.
Psicóloga especialista en docencia universitaria
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Colombia ha sido un país que se ha caracterizado por los folclorismos, y con esto no me refiero solamente a la unión y fusión de ritmos musicales, sino más bien a la manera comportamental de las personas en el momento de acatar normas.

Así ha sido nuestro país en el que de cierta manera nativos y extranjeros por mucho tiempo han expresado que se sienten libres porque pueden hacer lo que quieran, como tirar basura en la calle, playas, adelantarse una fila de personas, no respetar las señales de tránsito y una serie de irregularidades. Un país que no está acostumbrado a cumplir leyes.

No pretendo decir que todos sean así, por eso pido, querido lector, que si no es su caso no se sienta acusado ni lo tome personal.

Pasados los días de cuarentena, en los que cada vez se establecen decretos y normas por cumplir, no es fácil para una población que ha estado acostumbrada a hacer lo que quiere y, de cierta manera, tIene resistencia a la autoridad.

En las noticias vemos casos de personas que de manera inconsciente rompen los reglamentos haciendo fiestas privadas, reuniones llenas de alcohol, drogas y sexo; esto es de manera clandestina. Un afán desbordado por alimentar los placeres y adicciones hace que se traspasen los límites.

Cambio

Al salir de casa el día de pico y cédula, he observado y reflexionado cómo ahora sí nos toca acatar normas y hacer lo que quizás nunca antes se había hecho, como respetar el turno, hacer fila, ponerse tapabocas, mantener distancia, y seguir todos los protocolos establecidos; esto movilizado por el miedo y la intención de ganarle la batalla a la muerte o a las multas que no paran de cobrar por los incumplimientos.

Creíamos tener una vida perfecta o quizás no sabíamos lo que vivíamos, por la prisa de todo, era como si el universo girara todo el tiempo en hacer, hacer y hacer, ocupados quizás en todo menos en lo esencial e importante de la vida, como lo es la familia y el encuentro con nosotros mismos

Las esperanzas no se deben perder, éstas son las que permiten que se sueñe con un mejor mañana, como dirían: cuando más oscuro esta es porque pronto va a amanecer. Guerras, pandemias, miedo, tristeza, alegría, felicidad, preocupación, todo pasa, tanto lo bueno como lo malo. Saque el mejor provecho de la situación que esteé enfrentando, viva su aquí, su ahora, recordando que nada es para siempre y que el mañana, aunque es impredecible, nos puede llegar a sorprender.

Confianza

La esperanza está ligada a la confianza en sí mismo, creencias, fe y todo aquello que lo moviliza para continuar este viaje por la vida, aférrese a ellas para seguir, piense en aquello que le hace vibrar y soñar, sea lo que sea; para algunos puede ser viajar, sus mascotas, hijos, padres, poder, reconocimiento o pareja.

Estos son los motivos que le otorga a la existencia misma, y no importa cuales son, si a usted le hacen feliz. Nada es para siempre, nosotros somos reflejo de ello, por tal motivo somos mortales. Todo se mueve, el viento, existe la noche y el día, el agua del mar, los ríos, de igual forma, nuestras emociones y nuestra vida, pasamos de ser recién nacidos, a niños, luego adolescentes, jóvenes, adultos y finalmente adultos mayores. Nada es estático, por lo tanto, no se castigue ni culpe si en este momento algo no está funcionando de la manera que quiere o está acostumbrado, permítase el movimiento natural de la vida y proyéctese donde quiere estar.

Tenga presente que hay un día en que todo va a cambiar, así que esta situación, por más trágica que parezca, es una oportunidad para reflexionar y replantear comportamientos inadecuados que se han tenido socialmente, los cuales eran dados como naturales, justificados por nuestra cultura espontánea.

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