Cali, junio 2 de 2026. Actualizado: martes, junio 2, 2026 16:38

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¿Imaginación o algo más?

Los amigos imaginarios: por qué algunos niños hablan solos o dicen ver personas que los adultos no pueden ver

Casi todos los padres recuerdan alguna frase extraña que salió de la boca de un niño pequeño y les puso la piel de gallina.

Puede ser un hijo que habla solo en su habitación durante largos ratos. Un niño que deja espacio en la mesa para alguien que nadie más ve. O una pequeña que asegura que una señora la visita por las noches para contarle historias.

La mayoría de las veces, los adultos sonríen y lo atribuyen a la imaginación. Sin embargo, cuando esos relatos se vuelven demasiado detallados o persistentes, la duda comienza a aparecer.

¿Se trata únicamente de fantasía infantil o hay algo más detrás de estos misteriosos compañeros invisibles?

El fenómeno de los amigos imaginarios es mucho más común de lo que muchas personas creen.

Diversos estudios han encontrado que una parte importante de los niños desarrolla algún tipo de compañero imaginario entre los tres y los ocho años de edad.

Estos amigos pueden tener nombre, personalidad, gustos e incluso historias complejas.

Algunos viven en la casa. Otros aparecen únicamente durante ciertos momentos del día. Hay niños que juegan con ellos durante meses o años y luego, de un momento a otro, dejan de mencionarlos.

Desde la psicología, los amigos imaginarios son considerados una manifestación normal del desarrollo infantil.

A través de ellos, los niños exploran emociones, ensayan situaciones sociales, procesan miedos y desarrollan creatividad.

Para un niño pequeño, la frontera entre la imaginación y la realidad es mucho más flexible que para un adulto.

Su mente está aprendiendo constantemente a interpretar el mundo, y la fantasía forma parte natural de ese proceso.

Sin embargo, no todos los casos encajan fácilmente dentro de esta explicación.

Muchos padres cuentan experiencias que les resultan difíciles de ignorar. Niños que describen con precisión a personas fallecidas que nunca conocieron.

Pequeños que señalan rincones específicos de la casa donde aseguran que alguien está parado. O menores que hablan de familiares muertos mucho antes de saber siquiera quiénes fueron.

Son precisamente estas historias las que han alimentado durante décadas una de las creencias más extendidas dentro del mundo espiritual: la idea de que los niños poseen una sensibilidad especial que los adultos pierden con el tiempo.

¿Ven más allá?

En numerosas tradiciones esotéricas se considera que los niños llegan al mundo con una percepción energética más abierta.

Al no estar condicionados todavía por las creencias, los prejuicios o las estructuras mentales de los adultos, serían capaces de percibir dimensiones, energías o presencias que luego dejan de notar al crecer.

Por eso es tan frecuente escuchar frases como: “Los niños ven cosas que los adultos ya no pueden ver”.

Según esta visión, algunos de los llamados amigos imaginarios no serían necesariamente producto de la fantasía, sino manifestaciones de una percepción más amplia de la realidad. Hay relatos especialmente inquietantes.

Niños que saludan siempre al mismo “amigo” sentado en una silla vacía. Pequeños que describen exactamente la ropa, el rostro o el nombre de personas fallecidas décadas antes.

Casos donde varios hermanos aseguran ver a la misma figura sin haberse puesto de acuerdo.

Aunque muchas de estas historias nunca pueden comprobarse, siguen despertando fascinación porque parecen desafiar cualquier explicación sencilla.

Uno de los aspectos más llamativos es que la mayoría de estas experiencias ocurren entre los tres y los siete años de edad. Después, suelen desaparecer gradualmente.

Desde el esoterismo, esto se interpreta como el cierre natural de una sensibilidad espiritual que se va reduciendo a medida que el niño se adapta al mundo físico y racional.

Desde la psicología, en cambio, se considera que el cerebro desarrolla progresivamente mecanismos más sólidos para diferenciar entre imaginación, pensamiento simbólico y realidad externa.

Lo inexplicable

Lo curioso es que ambas perspectivas coinciden en algo: el fenómeno cambia conforme el niño crece.

Muchos padres también notan que estos amigos invisibles aparecen durante momentos emocionalmente importantes.

Mudanzas, nacimientos, separaciones familiares, cambios de colegio o periodos de soledad suelen coincidir con la llegada de estos compañeros imaginarios.

Eso ha llevado a algunos especialistas a pensar que, independientemente de su origen, cumplen una función emocional significativa.

Ofrecen compañía, seguridad y un espacio donde el niño puede expresar sentimientos que aún no sabe comunicar de otra manera.

Pero hay casos que continúan alimentando el misterio.

Historias de niños que describen lugares donde nunca estuvieron. Que hablan idiomas que jamás aprendieron. Que recuerdan nombres o acontecimientos imposibles de conocer según su entorno.

Son relatos que han recorrido el mundo durante generaciones y que siguen apareciendo hoy en redes sociales, documentales y testimonios familiares.

Quizás por eso el tema genera tanta fascinación.

Porque toca una pregunta que nadie ha logrado responder por completo.

¿Qué ocurre realmente en la mente de un niño cuando conversa con alguien que nadie más puede ver?

Tal vez se trate simplemente de una imaginación extraordinaria, capaz de crear mundos completos para explorar emociones y experiencias.

O tal vez, como creen muchas tradiciones espirituales, los niños conservan durante sus primeros años una sensibilidad que los adultos han olvidado.

Lo cierto es que, mientras la ciencia sigue investigando y el esoterismo ofrece sus propias interpretaciones, millones de padres continúan escuchando relatos que los dejan pensando.

Relatos de conversaciones en habitaciones vacías, de juegos compartidos con compañeros invisibles y de pequeños que, con absoluta naturalidad, señalan un rincón de la casa y dicen que allí hay alguien más aunque nadie más pueda verlo.


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