Crónica de un enchuspado #137

Se van cerrando

Gustavo Álvarez Gardeazábal

Una noticia vino tras de la otra. El periódico El Mundo, fundado por don Guillermo Gaviria, ha publicado su última edición. Casi al mismo tiempo se conoció que J. E. Ríos y Douglas Balbin ponían fin a su Noticiero Económico y su página especializada. Y sin mucho alboroto también se supo que ADN suspendió la publicación de su edición en Bucaramanga y que Semana no vuelve a editar la seductora Soho. Y mientras tanto El País continúa amparado en la ley de quiebra y Occidente redujo a 2 ediciones semanales el impreso y fortaleció su edición diaria virtual.

En fin, como el palo no está para cucharas. Como los medios de comunicación se montaron sobre la base de sostenerse con la pauta publicitaria. Como esa pauta fundamentalmente la entregaban los gobiernos nacionales, departamentales y municipales. Como los costos de redacción e impresión no se cubren con las sumatorias de ingreso, los medios están siendo llevados a la sin salida para sobrevivir. O se esclavizan al poder económico que los sostienen y su falsa libertad se derrumba ante su público o quedan en manos de los grandes grupos empresariales, que es casi lo mismo o peor.

La pandemia ha acelerado el proceso de oclusión de los medios. Paralelo a ello, y como contrapeso aparente, surgen páginas web, blogs, emisoras de streaming, televisoras de zoom y la información y la crítica y la investigación y todo lo que la sociedad de hoy se acostumbró a dejarle al periodismo está quedando desperdigado, perdiendo su influencia. Pero lo peor es que las redes ya no soportan credibilidad y se van desinflando también.

La existencia evidente y confirmada de los garajes para manipular las cuentas de twitter, face e Instagram la confirma la Casa de Nariño cuando contrató por más de tres mil millones de pesos a una empresa para contrarrestar los efectos causados por esos tuiteros o blogueros o periodistas de internet. Es, en otras palabras, el asomo de lo que va a ser el mundo dominado como los habitantes de Wuhan, sometidos al bombardeo de pestes incurables como la que nos está acabando o al yugo esclavizante que soporta el poder del emperador de la China y sus gobernantes con el control absoluto de celulares, rostros, movimientos y algoritmos de todos los ciudadanos.

Hemos cambiado mucho en muy poco tiempo, tanto que ni cuenta nos hemos dado del nivel de transformación que estamos sufriendo con cascadas de prohibiciones. Por eso, como dice el cuento de redes, ni Papa Noel podrá venir este año en diciembre porque es viejo, hipertenso y diabético, de manera que no le escriban cartas pidiéndole regalos. No viene.

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