Cali, junio 27 de 2026. Actualizado: sábado, junio 27, 2026 00:07
No hay razón válida para que los políticos que cometen delitos sean recluidos en “clubes”.
Como “un sitio que es totalmente inhumano donde no hay lo más mínimo para poder estar”, calificó el senador Bernardo Miguel -“Ñoño”- Elías el lugar en el que fue recluido en la cárcel de la Picota, en Bogotá.
Independientemente de que Elías, quien es investigado por el escándalo de Odebrecht, sea culpable o inocente, sus declaraciones deben servir como punto de partida para que se dé un debate profundo sobre las condiciones de reclusión de los políticos y demás personalidades prestantes que van a dar a la cárcel, pues no hay razón alguna para que gocen de privilegios.
Uno de los puntos de la consulta anticorrupción, el referendo que está en trámite y que busca endurecer los castigos para quienes cometen delitos contra el erario, tiene que ver con ponerle fin a las condiciones especiales de reclusión para los delincuentes de cuello blanco.
¿Por qué un atracador callejero va a una cárcel sin ningún privilegio y un congresista corrupto va a un pabellón especial o a la Escuela de Caballería o al Centro de Estudios de la Policía, donde tiene lujos y todas las comodidades? ¿Acaso a mayor monto robado, mejores condiciones de reclusión?
El estado de las cárceles y el hacinamiento que se vive en ellas es inhumano, eso es algo innegable, pero las condiciones deben ser dignas para todos los presos, sin privilegios para unos pocos.
El hacinamiento en los penales es un problema de vieja data al que los congresistas deben prestarle atención, además se debe garantizar que haya un proceso de resocialización, porque en las actuales condiciones la cárcel se convierte en la graduación en el mundo del delito.
Acabar con los privilegios de reclusión puede servir para que todo el mundo lo piense dos veces antes de quedarse con un peso que no le pertenezca. Ojalá.
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