Cali, marzo 18 de 2026. Actualizado: martes, marzo 17, 2026 21:58
El proceso con las Farc puede servir de base para saber qué se debe y qué no se debe hacer con el ELN.
El anuncio de un proceso de diálogo con el ELN es esperanzador, pues abre la posibilidad de que el Gobierno colombiano pueda concretar de manera paralela los acuerdos que permitan la desmovilización de las dos guerrillas, lo que pondría al país en un escenario muy favorable, al librarse definitivamente de la amenaza subversiva.
Sin embargo, el optimismo debe ser moderado, pues no es la primera vez que se inicia un proceso de diálogo con el ELN, con este grupo armado ilegal, al igual que con las Farc, se han hecho muchos intentos.
En el proceso de negociación adelantado con las Farc en La Habana hay un camino recorrido que indica qué funciona y qué no; esto debe ser tenido en cuenta por el Gobierno y por el ELN para que en Quito repliquen lo bueno y no repitan lo malo, con el fin de avanzar hacia un acuerdo final que tenga la aprobación ciudadana.
Tener una agenda con puntos definidos funcionó con las Farc, lo mismo que la confidencialidad con la que se manejaron las discusiones de la mesa.
Por el contrario, haber excluido de las negociaciones a los contradictores del Gobierno y la guerrilla fue un error, pues no se involucraron otras visiones en el acuerdo, lo que derivó en el triunfo del No y en un proceso de renegociación.
En ese sentido, en el caso del ELN se debe involucrar a todos los sectores, como se está haciendo en la nueva fase con las Farc.
Después del plebiscito, está claro lo que piensa el país sobre los acuerdos con las guerrillas; los colombianos quieren paz, pero no a cualquier precio, eso deben tenerlo cuenta los negociadores del Gobierno y del ELN. Si así lo hacen, el proceso será viable.
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