Cali, junio 24 de 2026. Actualizado: martes, junio 23, 2026 23:25
¿Qué función cumple en una democracia un partido político como el Conservador que, con 58 curules en el Congreso de la República, no tiene una propuesta para presentarle a la Nación y buscar con uno de sus militantes ganar la Presidencia de la República?
Algo similar ocurre con el Partido Liberal y también con Cambio Radical, que ya renunciaron a la aspiración presidencial para sumarse de manera anticipada a la aún no anunciada campaña reeleccionista del presidente Juan Manuel Santos.
A los liberales, que se muestran como defensores de la inclusión y la justicia social, poco les ha importado que este gobierno sea el promotor de reformas que atentan contra las clases populares.
Los directivos de Cambio Radical, que fue una colectividad uribista y partidaria de mano dura contra la guerrilla, no se sonrojan hoy al mostrarse santistas y defensores de un proceso de paz en el que muchos de ellos no creen.
Pero el caso más reprochable es el del Partido Conservador, en el que la mayoría de sus senadores, no todos, pretenden entregarle la colectividad a Santos y renunciar a la posibilidad de participar en las elecciones con un candidato propio, aunque el Presidente represente todo lo contrario al ideario del conservatismo.
Todo lo anterior lleva a pensar que estos partidos tienen intereses superiores a los de sus ideas: los intereses de sus dirigentes que, con tal de que les compartan el poder, sacrifican las convicciones que supuestamente representan.
Las alianzas son válidas y legítimas, pero en un sistema electoral como el colombiano, planteado en dos vueltas, todo partido con vocación de poder debe presentar candidato propio, para enriquecer el debate con propuestas de todos los matices y que los ciudadanos escojan, y cuando sean elegidos los dos finalistas, entonces sí plantear adhesiones a partir de las coincidencias programáticas, y no de las burocráticas, como suele ocurrir.
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