Cali, agosto 8 de 2026. Actualizado: viernes, agosto 7, 2026 21:14
La elección del senador Honorio Henríquez, del Centro Democrático, como presidente del Senado envía un mensaje que el próximo Gobierno debe interpretar correctamente: para gobernar a Colombia será indispensable concertar.
Henríquez obtuvo 56 votos y superó los 45 alcanzados por Alfredo Deluque, candidato respaldado por el presidente electo, Abelardo de la Espriella.
Su triunfo fue posible gracias a los votos del uribismo, el Pacto Histórico y congresistas de otros sectores, una alianza que resultaba difícil de imaginar por las profundas diferencias políticas entre quienes la conformaron.
Más allá de la sorpresa y de las explicaciones que cada colectividad deberá ofrecer, el resultado demuestra que el nuevo Congreso no tendrá una fuerza con mayorías aplastantes.
El Pacto Histórico constituye la bancada más numerosa del Senado, seguido por el Centro Democrático, mientras que el presidente electo, elegido como candidato independiente, no cuenta con una bancada propia suficientemente grande para imponer por sí solo su agenda legislativa.
Esto, lejos de ser necesariamente una dificultad, puede resultar saludable para la democracia, pues obliga a escuchar, dialogar y reconocer que los diferentes sectores políticos representan visiones del país que no pueden ser ignoradas.
Abelardo de la Espriella ganó las elecciones con unas banderas claras, pero para convertirlas en leyes necesitará sumar voluntades más allá de quienes lo acompañaron en campaña.
El país requiere decisiones profundas para recuperar la seguridad, reactivar la economía, ordenar las finanzas públicas y reconstruir el sistema de salud. Ninguna de esas tareas podrá adelantarse desde la imposición.
El Centro Democrático también envió un mensaje.
Aunque ha expresado su disposición de acompañar al nuevo Gobierno, dejó claro que no será una bancada dispuesta a aprobarlo todo automáticamente. Eso también es sano.
Concertar, sin embargo, no puede significar regresar a las viejas prácticas de construir mayorías mediante puestos, contratos y cuotas burocráticas.
Los acuerdos deben hacerse alrededor de programas, prioridades nacionales y soluciones concretas para los ciudadanos.
Lo ocurrido en el Senado debe verse como una advertencia útil y oportuna: el nuevo Gobierno tendrá que ejercer liderazgo, pero también capacidad de diálogo.
Colombia necesita transformaciones profundas, y para realizarlas será necesario concertar sin negociar los principios, construir consensos sin comprar respaldos y gobernar sin confundir autoridad con imposición.
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