Ver el bosque

Rosa María Agudelo Ayerbe

Cada uno ve lo que quiere y lo analiza según su conveniencia. Sin embargo, lo sucedido tras el paro no acepta una mirada parcial. No podemos ver solo los aspectos “lúdicos y románticos” de la marcha, la tragedia de Dilan o la patada a una mujer sin considerar que hay cuatro empleados de ARA en cuidados intensivos, cuatro policías muertos y 300 heridos, cientos de negocios grandes y pequeños saqueados, estaciones y buses vandalizadas y millones de ciudadanos afectados.

Toda la situación es un paquete y debemos afrontar las consecuencias generales. Los hechos asociados a las marchas pusieron en evidencia la facilidad con las que movilizaciones se convierten en un elemento insurreccional y con las que las cosas se salen de control.

La gravedad de los hechos subsiguientes al paro demuestra que estamos jugando con fuego. No seamos ingenuos y distingamos entre los promotores del paro a quienes buscan debilitar al gobierno para fortalecer sus posiciones políticas. ¿La ciudadanía está dispuesta a dejarse convertir en el vehículo de esos intereses? Colombia tiene que seguir mejorando pero incendiarla no es la forma.

De buenas intenciones está plagado el camino del infierno. Cada uno debe pensar en las consecuencias de sus actos, visualizar en el largo plazo su impacto y meditar en el precio que está dispuesto a hacernos pagar. La semana pasada vivimos en carne propia lo que sucede bajo la sombrilla de una “marcha pacífica”. En el vecindario hay dos ejemplos de a dónde podemos llegar, Chile y Venezuela. ¿Son los caminos que queremos transitar? El desorden antecede al crimen; el crimen al temor; el temor a la parálisis y en la parálisis no hay bienestar para nadie.

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