Velitas por doquier

Hugo E. Gamboa Cabrera

Mañana es el día que los católicos rendimos homenaje a nuestra fe y creencia a través del fuego, de ese fuego inocente y diciente como es el de las velitas, hoy modernizado con faroles y luces fosforescentes. Lo cierto es que hoy más que nunca nuestro país necesita de la mano de Dios y la Virgen, a pesar de los malos augurios que nos deparan los ateos que solo nos hostigan con desesperanza y desamor.

Mañana es el día que debemos rogar porque candidatos como el del pacto patriótico y los de la “esperanza”, no nos metan más cuento. El primero con sus propuestas populistas, al estilo Chávez, que jamás cumplió y, los segundos no nos metan el cuento de que serán “los salvadores de nuestro país”, cuando allí solo hay personajes con rabo de paja, exceptuando a Jorge Robledo, hombre de izquierda moderada, inteligente, con ideas e iniciativas y sin mácula alguna. De los demás, que podemos decir: Que de La Calle pese al no del plebiscito sobre el acuerdo habanero, pecó de antidemòcrata. Que Galancito, con su hermanito Fernando, crearon dos fundaciones representadas por su mamá, a través de las cuales captaron muchos pesos, aprovechando el vil asesinato de su padre, fundaciones de las que no se conocen resultados. Que Fajardo, el tibio, no es el tipo para manejar las difíciles condiciones porque atraviesa nuestra nación. Que Juan Fernando Cristo es un mal ejemplo de la política, “garganta profunda” le decían en la campaña de Samper. Dejémoslo ahí. Un tal Amaya, desconocido totalmente e Ingrid, conocida de autos quién cuando fue liberada gracias a la operación “jaque” ordenada por el entonces presidente Uribe y ejecutada a la perfección por el ex general Mario Montoya, pretendió hacerse a mucho dinero demandando al Estado por causa de su secuestro, lo que afortunadamente le causó la antipatía de la ciudadanía, hasta el punto que su hoy examiga Clara Rojas, su alter ego y también secuestrada junto a ella, la detesta por malagradecida, pésima amiga y, por haberse realizado como ciudadana francesa, avergonzada del país que la vio nacer, un país que nunca tuvo culpa de que la secuestraran pese a que el gobierno Pastrana le rogó que no se metiera por lugares riesgosos.

Igualmente, rogaremos que el próximo mandatario llame a referendo al país para reformar el Congreso de Colombia y a la justicia en general. No hay derecho que los colombianos vivamos hoy la indignidad de la injusticia y de tanta corrupción y que, muchos de los involucrados, se nos vuelen para Canadá, a vivir sabroso, gracias a la no existencia de convenios de extradición. ¡Los colombianos no merecemos tanta mala suerte!

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