Es apabullante el bombardeo de noticias bizarras, escandalosas y deplorables con las que convivimos a diario los colombianos.
No pongo en duda que esto hace que vivir aquí sea más colorido que en tierras más desarrolladas; sin embargo, “bueno es culantro, pero no tanto”.
En medio de esa barahúnda de noticias, denuncias y escándalos, pululan a diestra y siniestra las noticias falsas, o fake news para emplear el término moderno.
Los algoritmos actuales de las redes sociales, que dan protagonismo a lo sensacionalista, junto con los actores mediáticos con ambición desmedida de “likes”, crean un caldo de cultivo para que las fake news se reproduzcan como nunca.
Y si a esto le sumamos la polarización política que nos ha caracterizado como nación y el analfabetismo mediático de las masas, incapaces de discernir entre fuentes de información confiables y no confiables, ¡voilá!, se crea la tormenta perfecta de las fake news.
La situación actual me hace recordar al filósofo Diógenes, un particular y excéntrico personaje que vivía en un barril y que, cuando Alejandro Magno le preguntó qué quería que él, como gran monarca, hiciese por él, le contestó sin pararse del suelo: “Córrete, que me estás tapando el sol”.
Cuentan que Diógenes deambulaba por las calles de Atenas a pleno día con una linterna encendida. Cuando le preguntaban por su actuar, él respondía: “Busco a un hombre honesto”.
Tal vez hoy los colombianos necesitamos más que nunca la linterna de Diógenes no solo para buscar hombres y mujeres honestos, sino también la verdad en medio de tantas maliciosas noticias, aunque, con seguridad, nuestra realidad superará con creces cualquier ficción posible.
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