Una espiral perversa

Rodrigo F. Chois

Existen precios cuya importancia radica en la significativa repercusión que su variación y magnitud pueden tener en la economía y, en última instancia, en toda la sociedad.

El precio del dólar, conocido como la tasa de cambio, el precio del dinero expresado en la tasa de interés, y el umbral salarial designado como “salario mínimo”, son tres de los precios más influyentes.

Sin embargo, en esta breve enumeración, también se puede incluir un cuarto precio que, por su relación singular con la economía, merece atención: el precio de la gasolina.

A primera vista, podría parecer que este precio afecta únicamente al sector automotriz al ser un consumidor directo, abarcando desde vehículos pesados hasta automóviles y motocicletas.

Sin embargo, al analizarlo con detenimiento, se revela que su impacto se extiende a la industria manufacturera, englobando a todas las máquinas que dependen de este combustible para la producción.

Pero los impactos no se detienen ahí; el precio de la gasolina afecta de manera directa el costo del transporte de todos los bienes que circulan en la economía.

Y como si esto fuera poco, también incide en la movilización de la fuerza laboral que impulsa diariamente la maquinaria económica del país, incluyendo la movilización que alimenta al sector turístico.

En lo que va de este año el precio de la gasolina ha experimentado un dramático incremento del 50%. Sería ingenuo pensar que esta alza de precio no tendrá repercusiones perjudiciales en todos los aspectos mencionados anteriormente.

Con esta breve nota pretendo arrojar una luz sobre la pregunta que muchos nos hemos planteado en estos aciagos días: ¿por qué todo está hoy tan costoso?

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