Le había dado un compás de espera al doctor Villamizar, quien fue importado desde Bogotá, para fungir en Cali como Secretario de Seguridad y Justicia.
Muchas razones militaron para no condenar de entrada lo que se iba a convertir en una verdad de a puño, como es el que nadie que no conozca una ciudad tan compleja como Cali puede por arte de birlibirloque, ordenar su seguridad.
La situación de Cali, a pesar de que diversos sectores de opinión se han dado a la tarea de maximizar las pasajeras disminuciones de homicidios de un mes, ocultando que el consolidado del semestre es negativo, es sumamente grave, al punto que el secretario Villamizar repite permanentemente las mismas frases que señalan que todos los homicidios y la pérdida del control territorial son producto de las dinámicas del microtráfico.
Lo que viene sucediendo en estos últimos días con un fin de semana con 17 homicidios, vuelve a romper las proyecciones, demostrando de nuevo que en Cali no hay una política de seguridad al mando.
Toda esta situación ha despistado a Villamizar, de quien esperábamos los caleños que entrara seriamente a elaborar una ruta de la seguridad que eliminara de una vez por todas la multiplicidad de estrategias coyunturales, que no tienen ninguna sostenibilidad y que han convertido a los cuatro secretarios de Seguridad de esta administración en verdaderos aprendices de unas estrategias que les han deslegitimado su gestión, llevándolos a salir aparatosamente por la puerta de atrás, en medio del llanto y del silencio.
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