Completando año y medio sin buena sintonía, al presidente Duque le llegó el Covid-19, la mayor crisis de la generación. Con dedicación exclusiva empezó a liderar sin arrogancia, recibir críticas, no pocos gobernadores y alcaldes insubordinados. Desde la primera semana de marzo estuvo pendiente de todos los detalles, sacó la primera orden de aislamiento de las personas que llegaban de países con contagio y avanzó en el problema.
La noche del martes 17 de marzo tomó la decisión de decretar el estado de emergencia, con funciones constitucionales enfrentando la pandemia. Y comienzó la maratón de normas, diálogo y concertación con toda la comunidad científica, comunicación directa con medios, con los colombianos a través de programa diario por radio y TV, con gremios, empresarios, partidos y ciudadanos.
Y con la cascada de medidas lideradas por él, la Vicepresidente, los ministros y el equipo asesor, le llegó la sintonía con el pueblo Colombiano.
Se equivocó en el modelo político, gobernar con pocos partidos, gabinete joven y tecnócrata, su imagen fue decreciendo, completó el primer año y el modelo siguió. Le tumbaron el Mindefensa, comenzó el estallido social con toque de queda en ciudades. Allí perdió la gobernabilidad, tan solo en febrero recuperó la política, designando ministros con representación partidista, sin lograr apoyo del país nacional. Ahora con el coronavirus, mejoró su imagen, llegando al 62%. Sirvió la reacción de Duque, pero debe dedicarle el tiempo a la solución definitiva, pues la pandemia no es todo.
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