Celebro la vida y la felicidad de ser Caleño.
Una vez más Cali muestra su civismo y sale masivamente a apoyar en la remoción de escombros, la preparación y distribución de alimentos para los rescatistas y en la colaboración económica para la compra de guantes, cascos, tapabocas y agua para los voluntarios.
El civismo que nos caracteriza cuando somos anfitriones de grandes eventos de ciudad ahora lo reafirmamos desde la actividad más humana.
Sin embargo, fue desilusionante para mí observar en un video viral, cómo un grupo de personas desaprobaban la presencia del alcalde Eder en uno de los puntos más críticos de la ciudad, presionando su retiro del lugar con insultos y palabras soeces.
No olvidemos que nuestra Alcaldía puede ser en este momento la entidad ejecutiva con mayor capacidad operativa, logística, financiera y de crowndfunding con que podemos contar localmente.
Quienes no quieran aplaudir su gestión en esta calamidad pública, es recomendable que retomen esos desacuerdos luego de que la ciudad salga adelante con la búsqueda de más sobrevivientes, con el acompañamiento a las familias afectadas y con la recuperación urbana.
El día de ayer pude acompañar a un grupo de rescatistas en uno de los puntos donde se desplomó una de las 26 edificaciones y pude ser testigo de la voluntariedad genuina del caleño por servir; cerca de 200 personas entre bomberos, brigadistas, paramédicos y muchos civiles voluntarios sin ninguna experiencia en la actividad participaban activamente del rescate, de las cadenas humanas y del suministro de provisiones.
El sentimiento que tengo hoy es de total orgullo por la gente de mi ciudad.
Pero quiero dar una recomendación para los que piensan salir a colaborar en estas zonas críticas: Si bien es muy positivo contar con tantas manos para ayudar en el proceso de rescate, el manejo de grupos de voluntarios tan numerosos hace muy difícil la dirección y organización para los rescatistas expertos.
Si quiere participar, lleguen con “mente de principiante” y permítanse ser dirigidos, acaten todas las órdenes de protocolo, eviten la curiosidad morbosa y denle valor a toda actividad que le sean asignada.
De nada sirve muchos jefes y pocos empleados, tengamos una actitud cívica consiente y llénense del gozo de poder servir.
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