Un conguero para la historia

Umberto Valverde

He terminado de leer el libro “Las memorias de Jimmy Morales: un conguero para la historia”, de la escritora puertorriqueña Bella Martínez, sin antecedentes de textos sobre la música, aunque la autora, curiosamente, se inclina por llevar a cabo este proyecto desde la perspectiva de “amante de la salsa y bailadora”, descubrió que “el eco del tambor me hacía olvidar todas mis penas y sinsabores”. Entonces, a través de profesores de baile, como Stacey López, conocido en Cali, se dedicó a comprender el “golpe seco” de Jimmy Morales, que se encontraba en grabaciones de Willie Rosario y en la producción musical de Gilberto Santa Rosa. Bella Martínez conocía a Morales, eran amigos, y una vez le dijo con desenfado: “Cuéntame tu vida que yo voy a escribir tus memorias”.

No es usual hacer libros sobre un instrumentista. Se hacen sobre los cantantes, que son los ídolos, o los directores de orquestas porque marcan una época, sobre compositores que definieron una o varias décadas, o propiamente sobre la investigación musical, como lo hace el sabio Cristóbal Díaz Ayala. En mi caso he escrito sobre la más grande cantante de salsa, Celia Cruz, sobre el más grande compositor de salsa de Colombia, Jairo Varela, y, sobre la Sonora Matancera, la orquesta cubana que marcó a cuatro generaciones de latinoamericanos.

En realidad, los instrumentistas, por excepcionales que sean, no son la cara y el rostro de una producción musical, son un complemento. Tuve el privilegio de ver a Ray Barreto, mucho a Eddie Montalvo, dos veces al magnífico Mongo Santamaría y también al conocido Giovanni Hidalgo. Mi amigo Robert Téllez, de Bogotá, escribió sobre Ray Barreto. La producción de investigación musical en Colombia ha crecido y de cierta manera nos consideramos una “caja fuerte” de la memoria del Caribe.

Sin Cali(sin Colombia), la memoria de la música cubana y de la salsa en general no sería una realidad. El encierro de Cuba, la inclinación de Puerto Rico por el reguetón, hace que Colombia y Perú se hayan convertido en pilares de esta memoria.

Mi libro sobre la Sonora Matancera surgió como producto de la investigación sobre Celia Cruz. Después de publicar Reina Rumba, años después, me dije, terminemos este trabajo, porque tengo demasiado y además contaba con el mejor asesor posible, Humberto Corredor, el mejor coleccionista de la Matancera, manager, productor musical, propietario de discotecas en Nueva York y Cali, íntimo amigo y compadre de los músicos de la agrupación cubana.

El libro de Bella Martínez se complementa con una discografía ordenada, con una sección de fotos, con referencias de textos, y el texto como tal que nos muestra a un músico humilde, tranquilo, muy reconocido dentro de los músicos, no tanto entre la gente, respetado y valorado. Un buen aporte para la bibliografía de la salsa. Tantos músicos geniales que he visto y poco a poco con el tiempo, quedan en el anonimato, en una mención. Por ejemplo, un personaje como Papaíto de la Sonora Matancera, que solo al final de sus días, se reveló como cantante.

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