Muchos nos preguntamos si el comunismo, el izquierdismo o el progresismo son lo mismo.
Para los que no tragamos entero, sí, pero para otros que no saben lo que les corre pierna arriba, no.
Hoy los comunistas se hacen llamar izquierdistas, o “progress”.
Tal parece que el término comunista les parece muy fuerte, pero qué le hacemos, son comunistas, izquierdistas o “progress”.
El sentimiento político, la sensibilidad ideológica, es igual, así pretendan denominarse de una u otra forma.
Lula, el del Brasil, ha sido comunista desde joven pero para las campañas presidenciales en su país, prefiere ser izquierdista.
Parece que eso despista un poco a los votantes, los pone a dudar. Lo cierto es que en su cuarto mandato actuó como verdadero comunista o estalinista.
Hasta las 5 de la tarde, hora del cierre electoral, perdía con Bolsonaro pero, logró, inimaginablemente, que su abogado personal actuara como juez y alargara dos horas más le votación y prohibiera seguir contando votos, lo que le permitió “ganar”.
Parece que eso estuviera premeditado porque sabía que iba a perder. Sin embargo, pareciera que su gobernabilidad estuviera a punto de naufragar gracias a las autoridades electorales y al nuevo Congreso que no es suyo.
En Colombia también se vive una situación curiosa.
Petro y su “gallada”, de igual circunstancia política, ahora nos salen con la narrativa de acusar a De la Espriella y a su esposa de ladrones de donaciones, de querer “acabar” con la institucionalidad por un proyecto de ley que establece devolverle a Colombia la seguridad que se perdió en los cuatro años anteriores y de querer “imponer” una ley de rescate financiero que permita corregir el torcido rumbo que le aplicaron al gasto público.
La seguridad, hoy, más que nunca, la necesitamos.
No fue nada agradable que el señor Petro nos agobiara con el debilitamiento de las FF.AA. y el fortalecimiento de fuerzas irregulares.
Eso nos tiene de sobresalto en sobresalto. Y sobre la financiación del Estado, también es justo reconocer que ese gobierno petrista utilizó las arcas del Tesoro Público como cajero personal.
Algo hay que hacer pero que nos afecten la canasta familiar a los colombianos decentes que no tuvimos nada que ver con ese horroroso asalto del erario.
Debe de existir alguna forma de recobrar lo que se robaron a través de la expropiación o de préstamos internacionales que ayuden a tapar ese pavoroso hueco fiscal que dejaron.
La canasta familiar hoy no resiste más golpes. Petro con sus reformas tributarias y sus emergencias económicas, nos rompió los bolsillos y mucho más.
Y ni hablemos del pavoroso déficit fiscal del 9,4% que nos dejó y la violación de la Regla Fiscal que permitió destrozar la economía nacional.
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