Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Sentir libraduno

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Días pasados expresé mis gratitudes por el maestro Ramiro Girón, planteando un paralelo entre mis sentimientos y los afectos que alguna vez confesó el Libertador Bolívar por Simón Rodríguez, igual que, Ernesto Sábato por Pedro Henríquez Ureña y, García Márquez por Rosa Elena Fergusson. Mientras unos somos gratos con el maestro que nos enseñó a leer, otros los son con el profesor de su adolescencia que les presentó a los creadores de la ciencia, el pensamiento y el arte.

Pero, además de esas gratitudes por los maestros y los profesores, los seres humanos también las sentimos por las instituciones: la familia que nos procreó, la municipalidad donde crecimos y el colegio donde nos educamos.

Por eso hoy quiero resaltar el magazín “Sentir libraduno”, con el que Jorge Cedeño insiste en cultivar gratitudes entre los estudiantes, los profesores y los egresados de Santa Librada. Hace algunas semanas tuvo el don de buen excolega y la amabilidad libraduna, porque durante dos décadas compartí docencia en la amada institución republicana, de invitarme al canal “Sentir Libraduno”.

Confieso que volver a caminar por sus pasillos, respirar el aroma de su bosque y entrar a su biblioteca, después de haber concluido mi carrera docente cultivando el amor por la literatura, me emocionó tanto como cuando a mis cinco años de edad me senté por primera vez en un pupitre de la escuela Ulpiano Lloreda de la vereda Terrón Colorado.

Quizás por el hecho de pertenecer él al departamento de sistemas y las tecnologías y yo al área de humanísticas, expreso un mea culpa por antes no haber sostenido una amena tertulia como la que hicimos para “Sentir Libraduno”.

Uno se equivoca cuando piensa que un profesor de sistemas sólo está apto para los teclados del computador. No es así.

Me lo demostró mi excompañero, quien con sus preguntas reflejó que es también conocedor de la grandeza literaria de Gabriel García Márquez.

Jorge Cedeño sabe que la obligación de un docente no sólo se circunscribirá al cumplimiento de un horario de clases y el desarrollo de un programa; sino que es consciente que su misión es magna. Por eso dedica parte de su tiempo libre a investigar otros saberes, a preparar entrevistas, a filmar el material para su magazín independiente, a pasar horas editando tomas para ofrecerlas a los estudiantes, los colegas, los egresados y la comunidad libraduna a través de las plataformas de las redes sociales.

Es una pasión suya que no espera prebendas o retribución alguna, pues cumple sus jornadas con ética docente, sino que es expresión sublime de su gratitud eterna por la institución republicana, satisfacción que aumentará cuando en un futuro no lejano recoja los frutos entre sus exalumnos y su trabajo le sirva al historiador que quiera registrar los años del bicentenario institucional.

En mi historia personal, yo que he tenido suerte de poder expresarme a través de los medios escritos, tuve el honor de ser invitado por Jorge Cedeño a participar en una edición especial de “Sentir Libraduno”, para que habláramos de la “Vida, Obra y Legado de Gabo”.

Gracias, Jorge Cedeño, por permitirme llevar el mensaje literario oral a quienes por ocupaciones no tienen tiempo para la lectura.

Gilberto Amaya, quien entre las redes escuchó “Sentir Libraduno”, me expresó: “Me acabo de ver la entrevista, qué verraquera de programa, invita a leer de nuevo sus libros, a amar más su obra y la literatura misma.

Quiero pensionarme y leer de nuevo la obra de Gabo, sin afanes, saboreando cada palabra que escribe, cada situación que crea en su realismo mágico”.

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