Se salvó, pero aún sigue convaleciente. A propósito, un lector me opinó que fue un poco exagerado que hubiera titulado mi columna pasada:” Democracia agonizante”. Les confieso que se trataba de un título sugestivo, de alerta para conmover a mis lectores y motivarlos a defender la democracia, así como cuando un ser querido enferma y se quiere ablandar a algunos familiares indiferentes. Mi diagnostico se basaba en: la falta de conciencia de los colombianos, los negocios de los jefes políticos y las falencias de la Registraduría. Pero, fíjense, no estaba del todo equivocado, nadie imaginaba las peticiones de los expresidentes Andrés Pastrana y Álvaro Uribe, que podrían agravar el estado de salud de la democracia colombiana y que necesariamente la hicieron remitir a la unidad de cuidados intensivos. Les confieso que el martes me sentí como cuando los dolientes angustiados le exigen al médico que aplique todos lo que esté a su alcance para salvar a un ser querido. Estaba casi concluida mi columna, advirtiendo de que sólo les recomendaba esperar con paciencia cómo le iría en cuidados intensivos, cuando afortunadamente en las redes recibimos la noticia de que se salvaba nuestra democracia. Resulta que el cirujano jefe dejó a un lado su inexplicable empecinamiento y al fin acogió los conceptos de la junta de médicos. El Registrador reculó e hizo caso omiso a las peticiones de volver a recontar los votos; sería algo interminable, imposible, contra derecho, inconstitucional, vergonzoso ante la razón, pero sí riesgoso para provocar el desfallecimiento de la democracia. En la ciencia médica se puede fallar por equivocación o por negligencia; en el derecho se actúa con intenciones ocultas por encargo. En el informe sobre la evolución de la paciente democracia, los practicantes le argumentaron al médico jefe que en los momentos de escrutinios: ya se había cumplido con la corrección de las fallas, con la garantía de la custodia de los formularios y recibido el testimonio de buena fe de más de cinco mil jueces de la república. Que de no acoger estos argumentos aceleraría la agonía de la democracia. Algo que ayudó a salvar la democracia fue la opinión pública de los colombianos y los conceptos en derecho que hicieron los abogados de Asonal y un connotado exmagistrado. Entre los millares de llamados empeñados en salvar la democracia, fueron contundentes los conceptos jurídicos del fiscal José Fredy Restrepo y el constitucionalista José Gregorio Hernández. Qué coincidencia tan premonitoria de que ese martes, el Papa Francisco haya aprobado la beatificación del médico venezolano homónimos del exmagistrado colombiano de la Corte Constitucional. Afortunadamente, desde que se democratizaron la tecnología y las redes sociales, las noticias y las opiniones en Colombia ya no están sometidas a ningún filtro. Hay que olvidarse de que se elige en las urnas y a los congresistas, o al Presidente, los pone quien escruta. Lo ocurrido medio siglo antes no se puede repetirse. La democracia colombiana se salvó, pero aún le falta un tratamiento inmunológico y el cuidado de sus dolientes, para que su convalecencia sea total y exitosa. Los electores debemos estar alertas en la próxima jornada, o en la segunda vuelta, decisivas. El pasado domingo 13 de marzo el electorado demostró que ya no es tan fácil que le puedan comprar el voto. Pero falta que identifiquemos y delatemos a quiénes usan la política como un negocio aberrante que desfigura la democracia. Recordemos que, en la convalecencia de una paciente, más que la medicina que se le formule, es muy importante protegerla de las bacterias que puedan contaminarla.
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