Armar no es el camino

Salvar las pensiones

Mario Germán Fernández De Soto

La plata de las pensiones no puede tocarse.

Es un imperativo moral defender las pensiones de quienes tanto ahorraron y previeron su futuro para alcanzar una jubilación que garantiza sus ingresos en el corto, mediano y largo plazo por la cotización al sistema de seguridad social, que en el caso colombiano es un verdadero privilegio, puesto que la informalidad laboral está llegando al 50 %.

La forma de hacerlo es a través de dos grandes regímenes: En Colpensiones, por el de prima media, y por el ahorro individual del cual hacen parte los fondos privados. Existen varios tipos de pensiones como la de vejez, invalidez o sobrevivencia en el primero; y el de ahorro individual, el de solidaridad, el de vejez, de retiro programado con renta vitalicia diferida para el segundo. Tanto en el uno, así como en el otro, al revisar las cifras encuentro que a pesar de las discusiones en torno a sus ventajas y desventajas cada año se pensionan más personas en el país. En 2021 en los fondos privados por vejez fueron 748.882 aportantes y por Colpensiones lo hicieron por vejez 1.049.424 cotizantes y, claro, la mesada pensional varía conforme a diferentes factores en donde el que más se destaca es el valor salarial y el monto de la cotización.

En el caso de los fondos privados, el 79% de las personas que cotizan para pensión obligatoria lo hace con un valor inferior a dos salarios mínimos; es decir, que la asignación dependerá de su respectiva cotización. Los fondos de pensiones tienen hoy 18 millones de afiliados que pueden verificar permanentemente donde están sus ahorros pensionales siendo que sus recursos son propios; no son recursos públicos, por lo que el Estado no puede disponer de ellos. Ese dinero es de los trabajadores. Por eso, hay que salvaguardar el ahorro pensional de los afiliados y de sus familias; por el contrario, lo que debe propiciarse es una reforma al sistema que mejore las condiciones de quienes vienen vinculados a los fondos privados para equiparar las condiciones con aquellos vinculados al régimen de prima media sin detrimento alguno, garantizando que los aportantes que vienen atrás cotizando y las nuevas generaciones puedan alcanzar su promedio dentro de unos parámetros equitativos . Esta es la forma en que los actuales cotizantes avalan la sostenibilidad porque de lo que se trata es de entregar a quien se ha esforzado de manera juiciosa y esmerada un valor que asegure su sustento económico, no sólo cuando llegue a una edad muy madura sino cuando lo requiera. Tampoco, se compadece que se aumente en forma desconsiderada el tiempo de servicio ni el porcentaje de cotización.

Es prioritario consensuar un cambio en el sistema que facilite a los vinculados de hoy unas condiciones aptas para su supervivencia al igual que, para aquellos que están terminando de aportar para completar su plan de jubilación.

En todo el caso, sea en un fondo privado o en Colpensiones, tenemos que proteger este digno derecho, que a pesar de su desequilibrio social y económico ha funcionado durante las últimas décadas en la seguridad social.

Claro que urge transformarlo positivamente para que más trabajadores tengan las mismas oportunidades abriendo la “puerta” de la seguridad social para los informales y buscando una reforma justa que permita el acceso a una población que cada día envejece y a la que hay que asegurarle unos ingresos dignificantes para afianzar una vejez con calidad de vida para ellos y para sus familias. No se puede caer en propuestas populistas que dispongan de la plata ahorrada con tanto trabajo. El país se encuentra en un momento crucial para estudiar y adelantar iniciativas serias que protejan las pensiones actuales y las futuras en beneficio de todos.

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