No sabemos con certeza, si llamarle simplemente \”la semana de receso escolar\”, \”vacaciones turísticas para los estudiantes\” o \”los días de estrés para los padres de familia\”.
Desde la promulgación del Decreto 1373 del 24 de abril del 2007, durante el gobierno de Álvaro Uribe, que ordena a los establecimientos educativos suspender durante cinco días las clases, en la semana en que se celebra el Descubrimiento de América, ni en los hoteles, ni en los balnearios o los lugares de interés vacacional, se ha incrementado el turismo estudiantil.
Pero lo cierto es que estos días sí han representado el caos para los padres que no pueden acompañarles, ni planear en grupo la semana de integración y sano esparcimiento familiar.
Todavía no se materializa el espíritu de la Ley 300 de 1996, Ley General del Turismo, que lo presenta como una industria esencial para el desarrollo del país y en especial de las diferentes entidades territoriales. Al cumplir el turismo una función social, el Estado deberá promoverlo y darle especial protección.
En vez de otorgar a los niños un simple receso, tiempo durante el cual se busca de cualquier parte trabajo para ocupar a los docentes al interior de las aulas vacías, por qué no integrar las secretarías de educación y las de cultura, recreación y turismo, generando verdaderas estrategias de promoción para que las instituciones educativas desarrollen proyectos turísticos, iniciando con visitas a las veredas circunvecinas y después con destino a la región del Pacífico.
El turismo estudiantil no se puede promover sólo con la aplicación de normas ajenas a la realidad; deberán conjugarse la planeación gubernamental y la libertad de empresa.
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