Siempre he pensado que María Cristina Restrepo no tiene el reconocimiento que debería y el lugar que le corresponde entre las grandes escritoras colombianas.
Tal vez le huye a los medios, a las convocatorias, a los foros… como Elena Ferrante. Y eso es definitivamente muy valioso en estos tiempos de exposición apabullante del yo y de los gigantescos narcisismos.
Paso a paso María Cristina ha ido construyendo una obra literaria de muy alta atracción y calidad.
A esa obra se suma hoy su densa y macro novela: Julia, la hija del Imperio.
Se trata de una narración coherente y bellísima en la que se nos entrega un trecho muy significativo de las bases del imperio romano, con las grandezas y los horrores que lo habitaron.
Harold Bloom, siempre sabio, nos dice en su texto: Cómo leer y por qué…
“Leer hace que uno se relacione con la alteridad, ya sea la propia, la de los amigos o la de quienes pueden llegar a serlo…” (Editorial Anagrama 2000)
Restrepo profundiza como los y las grandes maestros de la psicología en el alma de esta mujer que se vio enfrentada a las órdenes de un padre dictador para el que sus hijos e hija no eran más que piezas de alianzas políticas.
La novela nos sitúa prácticamente en el nacimiento del imperio romano y muestra muy detalladamente la multiplicación de poderes que acumula el recientemente denominado augusto.
Al interior de este panorama amplio la autora focaliza con mirada aguda y empática la situación dependiente y arbitraria que en este conjunto tienen las mujeres.
Sus posibilidades de evasión y su destino de servir a la mayor gloria de “Roma” convertida en una autentica deidad.
El ”augusto” no sólo dispone de la vida de sus generales y de las batallas que hay o no que emprender, sino que es el amo de los matrimonios, de los hijos y nietos.
Cuando sus deseos personales o sus intereses políticos lo requieren ordena divorcios, separaciones y nuevos matrimonios invalidando así la institución matrimonial misma.
Las madres no tienen derecho alguno, son solamente unas “funcionarias” del estado que atropella sus cuerpos y sus sentimientos para cumplir destinos supuestamente más elevados.
Todo este ambiente está magníficamente recogido por la novela, pero al ser escrita desde el punto de vista de una mujer, desde su propia voz, desde sus sentimientos y deseos… la obra adquiere una dimensión que va mucho más allá de lo que podríamos rotular como “novela histórica”.
Esta novela de María Cristina Restrepo es ante todo una incursión preciosa e inmensamente seria en el ser de Julia, conocida como “la mayor”.
Julia se agiganta ante nuestros ojos y asistimos a las búsquedas y a la rebeldía de alguien que no quiso asumirse simplemente como ciudadana romana y que buscó desesperadamente otros canales para definir su identidad.
En los caminos de la protagonista/narradora seguimos sus ambigüedades sobre la maternidad y el acercamiento a sus hijos, la búsqueda de su propia madre que le fue negada, la necesidad del amor más allá de las fronteras que se le imponen para no conocerlo ni vivirlo… la aceptación y respuesta a los ritmos de su propio cuerpo como mujer.
Igualmente somos testigos de sus búsquedas intelectuales, sus lecturas y tertulias… sus búsquedas políticas que rechazan los aires dictatoriales.
Julia es una mujer cuyo destino, labrado por ella misma, engrandece su entorno y su familia.
Por lo demás con esta obra María Cristina continúa una carrera novelística y literaria impecable.
Esperemos sean aún muchos deleites los que nos depare esta autora.
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