Algunas personas me dicen: “No has escrito nada del caso Uribe” y les respondo: “Pero que más se puede decir cuando ese tema se volvió cotidiano”. Y, la verdad, es doloroso, por tratarse de Uribe, un hombre que se la ha jugado toda por defender la libertad de los colombianos, por obstaculizar que el poder en nuestro país se lo tomen los radicales de la izquierda, que para mí siguen siendo comunistas, lo que les da pena, esos que en privado añoran el marxismo-leninismo, incluso el estalinismo (Joseph Stalin mató más gente que Hitler), y que solo quieren el poder para insertar a Colombia en el eje de Cuba y Venezuela, auspiciados por los temibles foros de Sao Paulo y Puebla. Ese es el fondo del problema de los “izquierdistas” contra Uribe. Lo que no sabíamos era que gran parte de la justicia nacional estaba involucrada, soterradamente, en esa triste situación.
Lo cierto es que el país ha venido pagando los platos rotos por tantas equivocaciones. López Michelsen utilizó el poder para hacer valer sus intereses personales y crear una ventanilla “siniestra” en Banrepública para lavar el dinero mafioso; Gaviria, igual con Pablo Escobar; Samper, elegido con dineros “sucios”; Santos ni se diga, creador de lo peor de la corrupción, incluida su reelección. Todas esas cosas pasaron de agache ante una justicia politizada que miró para otro lado gracias a la corrupción que siempre carcome este país. Entonces, que puede pensar uno ante cosas como estas: Que lamentablemente hay mucha ignorancia en compatriotas que tragan entero y que el país se descuadernó por corrupción y por ideología.
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