Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Raúl Contreras

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Partió otro gran maestro: Raúl Contreras Martínez. Su muerte nos conmueve a quienes fuimos sus alumnos en los años setenta en la Normal Departamental para Varones, porque nos consideramos fruto de sus enseñanzas y siempre quisimos emularle.

Raúl Contreras llegó en 1972 a la Normal Departamental para Varones, cuando ochenta normalistas iniciábamos nuestras prácticas preparatorias para titularnos de maestros, a la par que nos fundamentábamos con las ciencias de la pedagogía. Entonces el nuevo maestro nos cautivó logrando que lo empezáramos a admirar y distinguir como aquel “maestro de maestros”.

Esa camada con vocación docente que todavía recibía los rezagos de una educación tradicional y autoritaria, ahora trata de difundir y multiplicar el innovador credo pedagógico de Raúl.

Fuimos afortunados, nos liberábamos de lo obsoleto, porque contamos con Raúl Contreras, recién licenciado en Psicología y Educación de la Universidad Pedagógica de Tunja, que era nombrado como nuestro profesor de psicología y sociología.

Raúl Contreras nos sorprendió porque en ese tiempo que los docentes se presentaban vestidos de saco y corbata a dictar sus clases magistrales, él llegó con pantalón sport y su camisa guayabera y nos saludó de “buenos días sardinos”.

Así rompía esa infranqueable muralla invisible que sometía a los estudiantes con una rígida comunicación. Claro que en ningún instante pensamos que llegaba un chabacano profesor facilista, porque de inmediato descubrimos su sapiencia que le asimilábamos en cada palabra, en cada ejemplo, en cada frase. Raúl en la Normal Departamental de Varones fue el gran innovador del constructivismo.

Su clase figuraba en el horario como una materia común, pero cuando llegábamos la esperábamos como la mesa redonda de la psicología y de la sociología, porque era el espacio para el conversatorio donde aprendimos a exponer lo investigado, a narrar experiencias personales, a conocer problemas de la psicología y, sobre todo, a sentirnos importantes en el grupo social.

Recuerdo que Raúl Contreras le quitó importancia a la costumbre de tener que llenar cuadernos, porque para sus clases nos entregaba sus guías didácticas, preparadas a máquina de escribir y multiplicadas con mimeógrafo.

Estoy seguro que no sólo nos conmueve a los normalistas, sino también a los demás licenciados egresados de la Universidad Santiago de Cali, donde se encargó de la cátedra de fundamentos, haciendo gala de sus cualidades pedagógicas.

Bien merece una nota de duelo de la Alma Máter, porque Raúl Conteras hizo parte de esa pléyade de catedráticos que puso en alto el nombre de la recién fundada facultad de educación en los años setenta.

Raúl no fue un profesor con anónima vida familiar; él en los tiempos libres caminaba las calles de la ciudad, orgulloso acompañado de Aydeé Cardona, su esposa, y Cristian y Claudia Catherine, sus dos hijos.

Al llegar a lugares comunes y si encontraba exalumnos, colegas, vecinos o alumnos, con amabilidad saludaba con sus expresiones características: ¡Hola tigre!… ¿Cómo estás muchachón? …¡Qué más sardino! Aydeé Cardona, despide a su compañero después de toda una vida.

Despide a su colega, ella es rectora del Liceo Oficial de Florida. Cristian Contreras Cardona, su hijo, catedrático universitario de administración y finanzas, queda satisfecho porque de manera sincera dice que lo recordará siempre, más que su padre, como su mejor amigo, su compinche. Los otrora jóvenes de La Campiña, lo recordarán en la gallada.

Sus ex-condiscípulos del Politécnico, lo recordarán como el conciliador en los tiempos de los conflictos y antagonismos estudiantiles. Sus ex-condiscípulos de la Pedagógica de Tunja, lo recordarán como el ameno caleñito contertulio. Adiós, Raúl, los docentes siempre procuraremos emularte. Camina sonriente, vistiendo tus guayaberas, hacia la eternidad.

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