Dilian Francisca Toro Torres

Que la pólvora no destruya la magia navideña

Dilian Francisca Toro Torres

Los colombianos ya comenzamos a disfrutar de las fiestas decembrinas, una época de celebración, unión familiar, solidaridad, alegría y mucho amor. Pero también es una triste oportunidad para la tragedia a causa de la manipulación inadecuada de la pólvora, la cual deja cada año a centenares de niños, jóvenes y adultos con profundas huellas que no sólo afectan la vida, la salud y la integridad física, sino que tiene un fuerte impacto social, ambiental y económico en la comunidad.

Basta con señalar que durante la última década, cerca de 11.703 personas sufrieron lesiones en el país por el mal uso de artefactos pirotécnicos. Y de acuerdo con el Instituto Nacional de Salud, durante las festividades celebradas entre finales del 2021 y comienzos del 2022, hubo un total de 1.174 lesionados con pólvora, lo cual representó un incremento de casi el 62% con respecto al periodo anterior. De este grupo de afectados, cinco personas perdieron la vida y 364 menores de edad sufrieron quemaduras, laceraciones, contusiones, amputaciones, además de daños oculares o auditivos.

En mi opinión, como sociedad tenemos que emprender todas las acciones posibles para revertir estas elevadas cifras. Es por esto que durante el pasado periodo legislativo, La U logró aprobar ante el Congreso la ley que regula la comercialización, uso, transporte y fabricación de la pólvora en el país. Se trata de una medida pensada en salvaguardar el bienestar físico y mental de los colombianos, especialmente de nuestros niños, niñas y adolescentes.

Con esta Ley se busca garantizar la manipulación adecuada y responsable de este tipo de artefactos, mediante una reglamentación técnica que, de no ser cumplida por los responsables de su fabricación, venta y distribución, podrá acarrear el pago de multas de entre 1 a 200 salarios mínimos mensuales legales vigentes, así como sanciones pecuniarias por el uso de pólvora que contenga fósforo blanco y clorhidrato, las cuales podrían ser hasta de 300 Smlv.

La norma además prohíbe su venta a menores de edad o su manipulación por personas en estado de embriaguez o bajo el efecto de sustancias psicoactivas, pero también promueve la formalización y profesionalización del oficio pirotécnico y crea un fondo para la prevención y rehabilitación de las lesiones causadas por quemaduras de pólvora.

También establece la implementación del etiquetado de advertencia sobre la peligrosidad de dichos elementos, fomenta el desarrollo de programas de pedagogía y cultura ciudadana para el uso responsable y garantiza la atención en salud especializada para las víctimas con quemaduras.

Lo bueno de esta medida es que compromete a las autoridades locales y promueve la efectiva coordinación interinstitucional para el desarrollo de acciones preventivas y restrictivas en el uso de la pólvora, que permitan reducir las víctimas por esta práctica en el país.

No olvidemos que el impacto de la pólvora también se extiende a nuestras mascotas, a las cuales las detonaciones de la pólvora les ocasiona estrés e incluso, afecta la fauna, pues muchas aves silvestres se desorientan con el ruido excesivo.

Si bien es cierto que es difícil reducir los casos de personas quemadas por pólvora, la sociedad y la institucionalidad no podemos darnos por vencidos y siempre habrá que insistir tomando las medidas y correctivos necesarios para generar cada vez más conciencia en su prevención.

Como médica, sé que una de las experiencias más difíciles que existe es visitar un pabellón de quemados en un hospital. No se imaginan la cantidad de tragedias que quedan escritas en la piel y el alma de las personas afectadas por la pólvora especialmente, de los niños. Por eso hago un llamado urgente al Gobierno Nacional para que realice la reglamentación de esta ley.

Invito a los colombianos para que la pólvora no convierta en dolor y tragedia, lo que debe ser alegría, esperanza y unión. Tanto los padres de familia, cuidadores y la institucionalidad debemos velar para que nuestros niños, niñas, adolescentes y personas inexpertas no manipulen estos elementos que dejan profundas cicatrices. Que la pólvora no destruya la magia de la Navidad.

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