El recinto del Congreso de la República dejó de ser aquel otrora escenario legislativo donde se aprobaban leyes tendientes al desarrollo económico y social, al tiempo que protegían derechos fundamentales. Quedó como recuerdo el tiempo de los tribunos, que con ideologías diferentes o antagónicas expuestas con respeto, finalmente coincidían en su deber legislativo. Apasionaba escucharlos cual se tratara de verdaderas clases magistrales de derecho.
Hoy es todo lo contrario, este lugar se transforma en el escenario para los insultos y el mal ejemplo, cuyos contendores ni se inmutan de que el espacio oficial de televisión los transmita en directo. Se alistan en turnos de manguala, unos con sus vozarrones vacíos de ideas, otros demostrando fidelidad servil más que independencia de la razón. Entre ellos juegan al pulso con la palabrería y dan muestras de ignorancia cívica, constitucional, literaria y, lo que faltaba, de total desconocimiento de la historia colombiana.
Con senadores así, que desconocen los hechos trascendentales, estaremos condenados a repetir la mala historia. Para la muestra un botón: Armando Benedetti minimizó la batalla de Boyacá, ignorando el valor de un hecho patriota decisivo para la independencia. No extraña porque explica cómo esa ignorancia sacó la materia del currículo educativo, tratando de callar a los historiadores, para que las nuevas generaciones siempre carguen con el lastre de los peores tiempos. Otros creen que sólo están llamados a promover estatutos represivos, como lo pretendiera el representante Edward Rodríguez, con un proyecto que amordazaría a los educadores. Las armas sí nos dieron la libertad, pero dudo que las leyes nos hagan libres.
Comments
Fin de los artículos
No hay más artículos para cargar






