Hay decisiones públicas que merecen aplauso. Y los alivios tributarios que fueron aprobados por el Concejo de Cali son una de ellas.
Para una ciudad como Cali, golpeada por el terremoto, cualquier ayuda que alivie el bolsillo de las familias es una buena noticia.
La primera medida beneficia a miles de caleños que estaban en mora: hasta el 31 de diciembre de 2026 podrán ponerse al día pagando únicamente el capital de las deudas de predial de los últimos cinco años con el ciento por ciento de los intereses condonados. ¡Una gran oportunidad!
También celebro que el acuerdo haya entendido algo primordial: no todos los caleños han sufrido igual.
Están los que perdieron sus viviendas, los que habitan un edificio que hoy es inhabitable y quienes tuvieron daños reparables.
No todos ellos pueden recibir exactamente el mismo tratamiento. La proporcionalidad de los beneficios debe ser un principio de justicia.
Pero queda sobre la mesa un asunto pendiente: el de los avalúos catastrales.
Sin duda alguna el valor real de muchos inmuebles cambió después del terremoto; por esta razón sería prudente y razonable estudiar una actualización excepcional de los valores catastrales; porque de nada sirve aliviar parcialmente el impuesto predial de un inmueble si la base sobre la cual se calcula ya no refleja su verdadero valor después del desastre.
Y una reflexión final que deseo consignar en esta nota, la de las familias de propiedad horizontal que hoy se encuentran pagando un arriendo porque debieron salir de sus apartamentos y, al mismo tiempo, continúan asumiendo las cuotas de administración de un edificio que no pueden habitar.
Esa doble carga merece atención.
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