En la independencia fue más relevante el reclamo de educación pública que la anécdota de solicitud de un florero a Llorente.
Pocas veces se ha investigado la historia con un juicioso seguimiento del deseo humano de querer salir de la ignorancia, sin reducirla a inventariar en la república las obras de los “buenos gobiernos”.
Han enfocado el problema educativo como algo correlativo, entre la voluntad de los mandatarios y la espera resignada de los pueblos.
Ramón Ignacio Atehortúa Cruz, con Cali Precursora de la Educación Pública, libro que lanzará el 5 de diciembre en la Biblioteca Departamental, propone otra mirada histórica, al afirmar que la exigencia popular del derecho a educarse, de manera paralela a otras causas, alentó los levantamientos criollos.
Así ocurrió en la otrora aldea caleña, explica Ramón Ignacio, argumentando por qué Santa Librada es el colegio público bicentenario que en sus aulas forja sentimientos republicanos.
El deseo criollo de ilustrarse relevó la fe misma de los pueblos, pues fue un movimiento de antiguos ciudadanos caleños que le propuso al general Francisco de Paula Santander que dispusiera de las instalaciones del viejo convento de San Agustín y que decretara ocuparlo con la fundación del Colegio Republicano de Santa Librada.
La nueva obra bibliográfica es resultado de cuatro años de investigación luego de un profundo trasegar por las fuentes primarias de los archivos históricos, pero principalmente, escrutando objetos didácticos y antiguos libros, que halló conservados en los sótanos de la vieja edificación.
El autor antes de escribir su libro, las confrontó, evaluó y clasificó, conformando el primer museo de la pedagogía en Colombia.
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