Apologías y rechazos

Plagios, plagiadores y plagiadoras

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Los padres de familia que le hacen las tareas a sus hijos y los maestros que no comprueban la originalidad de los textos, a la postre fomentan conductas plagiadoras. Un alumno ve normal entregar como suyas las tareas resueltas por su papá o por su mamá, sin percatarse que da sus primeros pasitos hacia el delito. Pero hoy no fundamentaré una columna moralista. Reflexionaré contra una conducta delictiva que viene haciendo carrera en Colombia y que ya no avergüenza a los sujetos de cuello blanco. “No a la mata que mata”, es la frase contra el narcotráfico. Pero, en la política: “El plagio también mata”. Perdónenme que hoy sólo me falte la frase “blanco es, gallina lo pone”, pero quiero invitarles a que investiguen en otras referencias textuales y que citen a sus autores, para que sus amigos no les tilden de plagiadores o plagiadoras. El plagio se vuelve costumbre entre los políticos, siendo los casos más graves y peligrosos, aunque a menudo escandalizan por unos días, mientras aparece la voz absolutoria que declare que se trataba de una mera “persecución política por parte de unos jueces parcializados”. Sin embargo, distinto es cuando la institución universitaria afectada en su prestigio académico emite un comunicado oficial que señala contundentemente al plagiador o la plagiadora, a los plagiadores o las plagiadoras. Antes que una voz por encima de la justicia se pronuncie a favor de los plagiadores o las plagiadoras, preguntemos: ¿acaso buenas intenciones tuvieron los plagiadores o las plagiadoras que pretendiendo ocultar sus rastros, posteriormente continúan con la falsedad documental? Queriendo tapar su fechoría radican otros documentos que tampoco correspondan a la verdad. Si la fiscalía y los jueces quedaren escépticos ante tales conductas, el Estado asumiría un papel de cómplice. El Estado deberá demostrar su acción enérgica contra esta modalidad de delito, en igual forma que anuncia las capturas de plagiadores refiriéndose a los secuestradores de personas. El delito contra la propiedad intelectual es una acción que abre la posibilidad de cometer otras modalidades de plagios. Plagiario es tanto el secuestrador de una persona, como el que se apropia de la producción intelectual de ella. En ambos casos se vulneran sus derechos fundamentales. Los congresistas o las congresistas, que exhiban títulos malogrados, seguramente después se especializarán en plagiar, léase mejor en secuestrar, los derechos sociales proponiendo nuevas leyes injustas. Hagamos un inventario de los derechos laborales que nos pertenecían y nos fueron plagiados con nuevas leyes. El delito de plagio debería ser imprescriptible en razón que esa conducta no sólo comienza cuando se copia una tesis y termina algún tiempo después que la universidad no la detectó para haberla denunciado. Los plagiadores o las plagiadoras seguirán tan campantes exhibiendo sus títulos malogrados. Podríamos hacer una analogía entre el peligro que representa para la salud pública el ejercicio del médico que alcanzó su título a punta de plagios y la peligrosidad de quien administra bienes públicos o legisla normas plagiadoras de derechos. Coinciden en la mala fe que comienza con el robo de la propiedad intelectual. Reconozcamos que la interpretación jurídica de las normas que castigan el plagio puede dar lugar a injusticias judiciales o a fisuras por donde hallen escapatoria los o las verdaderas plagiadoras. No olvido con lamentación el caso de una prestigiosa profesora que fue acusada de plagio por una estudiante cuando ella invitada por una revista de crítica literaria publicó un ensayo sobre el mismo tema. Antes de la publicación de la docente, la universitaria había radicado su proyecto de tesis basado en apuntes que recibió oralmente de su profesora, mediante un discurso secuencial, fluido y digno se ser grabado. La publicación de la revista salió antes que todos los jurados le revisaran la tesis. Entonces, temerosa que se la anularan los que faltaban, ella acusó de plagio a su profesora. En la confrontación de las fechas, entre ambas publicaciones escritas, tuvo mayor valor probatorio, que la verdad. Señor: permitid una mínima formación literaria a los jueces que les toque fallar casos similares de plagio. Cosa diferente es cuando el plagiador o la plagiadora, toma como propias ideas ajenas. Señor: líbranos de plagios, plagiadores y plagiadoras.

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