Las propuestas del gobierno Petro tienen a todos los sectores tomando Diazepam o al menos valeriana y no propiamente porque algunos de sus congresistas legislen enmarihuanados.
No solo la incertidumbre genera nerviosismo. Los anuncios de la reforma agraria han generado invasiones, secuestros y asesinatos de trabajadores de la caña. Las primeras decisiones de la paz total incrementaron la violencia en los departamentos en los que operan los grupos llamados a “someterse”.
El ejército se ha tenido que quedar quieto, pero las extorsiones, los secuestros, los confinamientos y los desplazamientos van en aumento. El asesinato de líderes sociales no para. La laxitud frente al narcotráfico y la minería ilegal agrava la situación.
Sumemos la incertidumbre en torno al futuro del petróleo, el gas, el carbón y la energía. Ya Venezuela anunció que se prepara para exportar gas a Colombia y muchos analistas anticipan que en 2027 tendremos déficit energético porque ante la intervención política de las tarifas se frenan los proyectos de expansión.
La mayoría considera que nos llevará también a un “apagón”.
Ningún experto en temas de salud, ni el mismo Roy Barreras, ve con buenos ojos la reforma, porque es insostenible financieramente y porque politiza la prestación del servicio.
Lo poco que se conoce de la reforma laboral también genera desazón pues endurece tanto la contratación que desestimulará el empleo y aumentará la informalidad.
Lo que a mí me tiene tomando valeriana es que los que advierten problemas son personas técnicas y los que defienden las iniciativas son políticos.
Nunca me he resistido al cambio, pero siempre he pensado que las ideas deben estar soportadas por números y los cambios sustentados en planes. No veo claridad en los cómo.
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