Milanés, canta autor de la nueva trova cubana, que falleció esta semana, figura en la trilogía universal de los Pablos de las artes: Pablo Neruda en poesía, Pablo Picasso en pintura y Pablo Milanés en la canción. Lino Gil Jaramillo le denominó “Pablo Cid Campeador” al poeta chileno.
Alguna vez el profesor Lino me confesó que lo hizo motivado por su gran poema “Canto General”.
En relación con la memoria de Pablo Picasso no me atrevo a ser irreverente adjudicándole seudónimos o adjetivos. Que lo hagan los críticos de arte, autorizados por sus vastos conocimientos sobre el estilo y mensajes de sus pinturas. Claro que “Guernica” (1937) y “Don Quijote” (1955), son los cuadros que más le admiro al pintor hispano universal. “Guernica”, denuncia la guerra, oponiéndose a la barbarie de los bombardeos y a los ataques de los enemigos contra la democracia. Parodiando a Lino, yo sí me atrevo llamarle “Pablo Cid Cantor” a Milanés.
En el trovador, oriundo de la isla socialista, su canción representó esa espada liberadora con que salió a recorrer otras tierras. Hice parte de la generación rebelde de los años setenta, que, gracias a las nuevas trovas, decidió tertuliar con las canciones de Pablo Milanés, que irse al monte a echar bala. “Guernica”, de Picasso, me gusta tanto como la trova “La vida no vale nada “, de Milanés.
“Soneto a Matilde”, versos de Neruda, me emocionan igual que “Yolanda”, canción del trovador cubano. “La vida no vale nada/ cuando otros se están matando/ y yo sigo aquí cantando/ cual si no pasara nada/ la vida no vale nada/ si escucho un grito mortal/ y no es capaz de tocar/ mi corazón que se apaga/”.
Cuando escucho algunos temas de amor, suelo poner en el reproductor musical “Soneto a Matilde” y “Yolanda”, como si fueran canciones siameses: “Matilde, amor, deja tus labios entreabiertos/ porque ese último beso debe durar conmigo, debe quedar inmóvil para siempre en tu boca/ para que así también me acompañe en mi muerte”(…) “Si alguna vez me siento derrotado/ renuncio a ver el sol cada mañana/ rezando el credo que me has enseñado/ miro tu cara y digo en tu ventana/ Yolanda, Yolanda, eternamente Yolanda”.
Tuvo mucha razón Nancy Morejón, compatriota suya, cuando en enero de 1993, dijo en La Habana, durante la presentación de “Canciones”, antología de sus nuevas trovas: “Una canción de Pablo Milanés es como la poesía, quiero decir, como un fuego, que no tiene explicación posible cuando renace desde su propia entraña. Así, fue armando un arte poética cuyas esencias queremos ofrecer en este libro”.
Gabriel García Márquez, al hablar en el lanzamiento de un disco, describió cómo era la casa de su amigo Pablo Milanés: “Es una casa ambulante abierta a los amigos del mundo entero y de lenguas diversas en la que sólo se habla una lengua común: la música.
En la casa de Pablito es imposible caminar entre baterías atravesadas en la sala y saxofones sentados en las sillas. En cada cuarto un grupo cantaba lo suyo, en su onda, en su lengua y en la casa entera se terminaba por no haber más espacio que para la música… Cada quien en su idioma o en el cuarto vecino, en una tentativa feliz de derrotar por fin, con el poder sin límites de la música, el disparate bíblico de la Torre de Babel”.
Gabo, cada que iba a Cuba, primero visitaba a su amigo Pablo. Ocho años después, se reunirán en la Eternidad y con cien vallenatos y trovas nuevas contagiarán a los querubines.
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