Hace mucho tiempo llegó a Colombia, especialmente a Cali, un cubano—José Pardo Llada—quien se arraigó tanto en la ciudad, que estuvo a punto de ser alcalde de la capital más cívica del país, en aquella época, claro está.
Fue parte de la revolución castrista, pero cuando se dio cuenta que Castro les había mentido sobre su anticomunismo y se había entregado de pies y brazos al oso de entonces, Rusia, orientada por un duro del comunismo, Nikita Kruschev, un personaje que le brindó a Castro toda clase de ayudas hasta que se enfrentó a John Kennedy, presidente norteamericano, quién le paró el macho cuando el ruso lo amenazó con unos misiles dispuestos en la isla cubana para dirigirlos a los gringos.
Recuerdo a Pardo por todos los actos cívicos y sociales que realizó en nuestra ciudad, dando ejemplo a políticos y empresarios que nunca se preocupaban por el desenvolvimiento de la ciudad, salvo alcaldes como Artemo Franco Mejía, Alfredo Carvajal Sinisterra, Rodrigo Escobar Navia, Carlos Holmes Trujillo, Germán Villegas Villegas, genuinos ciudadanos de la comarca vallecaucana, con sentido de pertenencia, que convirtieron a Cali en un paradigma de desarrollo, belleza y sana alegría.
Pardo Llada logró el cariño de los caleños desde un micrófono radial y desde su famosa columna en este maravilloso periódico, a través de las cuales nos enseñó a amar a nuestra entonces hermosa capital de la alegría y la pujanza pero, lo recuerdo más por su arriesgada decisión política, siendo ya ciudadano colombiano, de conformar una lista de reconocidos personajes caleños para que representaran a los ciudadanos desde el Concejo caleño. Por primera y única vez, esa lista eligió a once caleños de reconocida probidad y liderazgo.
Lastimosamente, aparecieron los malos “consejeros” de siempre, aquellos politiqueros que buscaron la forma de menoscabar las buenas intenciones del muy recordado colombo-cubano y de quienes de alguna forma, intentaron buscar que Cali fuera más grandiosa.
Lamentablemente, eran personas que no estaban dispuestas a enfrentarse a nuevas etiquetas políticas gracias a mucho dinero que apareció para comprar de todo, hasta lograr que ese bello gesto de personas que amaban esta ciudad, fueran retirándose de la cosa pública y, Cali, quedó, como hoy, en una difícil situación, pauperizada y olvidada.
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