Luis Ángel Muñoz Zúñiga

No era cuento chino

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Los hoy adultos mayores, hace medio siglo escuchábamos que llegaría el día que el hombre agotaría la capa de ozono y que entonces padeceríamos del calentamiento global.

Entonces creíamos que era un cuento chino del profesor que nos tramaba aprovechándose de nuestra ingenuidad. Pero hoy comprobamos que era una verdad a puño, que, si los gobiernos no la paran, entonces será la crónica de una muerte total anunciada.

Esa realidad geológica se vuelve una noticia paradójica, porque junto a las argumentaciones economicistas de quienes se oponen al relevo gradual de los hidrocarburos por el uso de energías limpias, en los medios de comunicación están acompañadas por la declaratoria gubernamental de desastre natural y el estado de emergencia nacional en Colombia.

Gaia nos está pasando la cuenta de cobro: huracanes, ciclones, ríos torrenciales, inundaciones de cultivos, muerte del ganado, colapsos de viviendas, pérdida de vidas humanas, derrumbes, hundimiento de carreteras y aislamiento de pueblos. Pero, más que la reacción natural de Gaia, es una realidad apocalíptica causada por el mismo hombre al abusar del uso de los hidrocarburos y de las energías fósiles. ¡Qué paradoja: el desarrollo económico a cambio de la extinción humana! ¿Será que la ambición de unos pocos acabará con la especie humana, quedando satisfechos por llenar sus bolsillos de dólares? ¿Cuántas catástrofes más esperaremos por la explotación de hidrocarburos, la minería fósil y la deforestación de la Amazonía? Son mínimos los crímenes genocidas en la historia, comparados con los daños causados por los depredadores del planeta.

Sin embargo, la humanidad se sobrepuso a varios de los holocaustos bélicos y renació a la civilización, porque la solidaridad humana y la bondad de la madre tierra le devolvieron la esperanza de vida.

Pero esto no se repetirá si el hombre no frena el actual cambio climático, si no amortigua el calentamiento global, si continúa con su réquiem por la tierra.

Claro que no faltan los voceros del neoliberalismo, aunque haya sido derrotado como sistema de gobierno en la mayoría de los países de América Latina, que señalan que Gustavo Petro esté aplicando “medidas izquierdistas que ponen en riesgo el desarrollo del país”.

Ellos pretenden menospreciar su proyecto ambientalista hacia la conservación del planeta y la salvación de la vida. Lo insólito es que tales voceros con sus discursos pretenden entrampar las víctimas del calentamiento global, mientras los desastres naturales despedazan territorios; los convocan a marchar contra el proyecto de vida del Gobierno.

“La reducción del consumo de combustibles fósiles será necesariamente el eje central de cualquier variante para la mitigación, afirma Vicente Barros, profesor de maestrías en ciencias ambientales. Dicha reducción se podrá lograr mediante variantes alternativas, pero la más factible será la de una fuerte imposición de impuestos del precio final y que genere, la reducción del consumo”.

Los ambiciosos empresarios del petróleo se oponen a la propuesta del Gobierno para la transición hacia otras fuentes de energía.

Cada que los hidrocarburos desfoguen en la atmosfera agudizarán el calentamiento global. Los economistas neoliberales pueden tener una similar mala suerte que la lechera, que mientras hacía sus cuentas alegres enriquecedoras, se le rompió el cántaro que llevaba sobre su cabeza y se derramaron los dos litros de leche con todos sus sueños.

Como consecuencia del consumo de combustibles fósiles, las emisiones de dióxido de carbono aumentarán exponencialmente y se agravará el calentamiento global. La advertencia de mi otrora profesor no era un cuento chino. Parodiando una moraleja popular, podemos advertir: “si matamos la madre tierra, la gallina de los huevos de oro morirá de manera apocalíptica, con toda su camada”.

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