Mario Germán Fernández De Soto

Ni Petro ni Hernández

Mario Germán Fernández De Soto

Para la mayor parte de las naciones del mundo, la libertad es el valor más importante. El libre albedrío es una razón fundamental para que cada individuo exprese sus sentimientos, opiniones, sueños y tome las decisiones de manera libre y espontánea. Sin embargo, algunos expertos en mercadeo electoral creen que las elecciones siempre tienen que ver con lo que sentimos y no con la racionalidad humana, porque como lo expresa Harari en su libro Lecciones para el siglo XXI, si la democracia se tratara de decisiones racionales no habría ninguna razón para conceder a todas las personas los mismos derechos de voto. Según él, las elecciones no tratan de lo que pensamos sino de lo que sentimos.

En el caso colombiano, con la elección presidencial y al analizar las últimas encuestas de las firmas autorizadas para tal fin, tengo que reconocer que el electorado, en mi opinión, está basado en sus sentimientos y no propiamente en la razonabilidad de lo que requeriría la Colombia de hoy. Preferir a Gustavo Petro o a Rodolfo Hernández por encima de estadistas que están presentando su nombre a consideración de la ciudadanía es justamente el reflejo de que las elecciones tienen que ver con lo que realmente sentimos. No encuentro otra razón válida. Pasamos por una convulsión social y una desconfianza ciudadana generadas por la desigualdad económica y los escándalos de corrupción y se acude a la vía del populismo como una solución rápida e improvisada para resolver la problemática actual. Pienso que el país tiene que tomar decisiones desde lo racional para elegir al mandatario que nos guíe en este momento tan difícil de nuestra historia. No podemos equivocarnos. Con todas las aristas y complejidades de gobernar a una nación dividida en la que una elección no puede conducir a profundizar la crisis en la que nos encontramos, sino que, por el contrario, necesitamos la unión de los colombianos en torno de los mismos propósitos.

Este es el momento para buscar una alianza estratégica que nos conduzca a propiciar una opción para el consenso; un camino seguro para todos que refleje lo que queremos: Un Estado para la equidad social con capacidad para la producción y la competitividad, donde primen los derechos fundamentales y la paz; mejores oportunidades para los menos favorecidos y sostenibilidad económica y jurídica para la inversión. Un país abierto a las grandes transformaciones sociales y tecnológicas que respete las libertades individuales y proteja la vida al igual que la propiedad privada. No puede tratarse tan solo de sentimientos populistas que pueden conducir a una vía equivocada que marcaría un verdadero retroceso institucional. La toma de decisiones de quien gobierne a Colombia en los próximos años no puede partir simplemente del sentimiento popular . Tiene que ser el resultado de un análisis serio de cada elector para escoger lo mejor para todos.

La calidad de nuestra vida en el futuro inmediato depende de la responsabilidad con que asumamos el compromiso de elegir para presidente de la República a una alternativa eficaz para el momento que vivimos. No se trata solamente de emoción. También hay que consultar con la razón, por eso creo que no es ni Petro ni Hernández.

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