Mario Germán Fernández De Soto

Nacionalismo mal entendido

Mario Germán Fernández De Soto

Si hoy constituimos desde la aparición del homo sapiens en África hace 300.000 años hasta la invención de la escritura con los Sumerios y el comienzo de nuestra historia hace aproximadamente 5.500 años, una civilización compuesta por diferentes pueblos y culturas en la que anhelamos resolver conjuntamente los problemas que nos son comunes como la ignorancia, la pobreza y la enfermedad me inquieta conocer porqué en la actualidad siguen existiendo tendencias en países como los Estados Unidos, Gran Bretaña, Rusia, China y hasta Venezuela, entre otros, que se encaminan en predicar y practicar un nacionalismo al estilo de James Monroe para quien con su doctrina “América para los Americanos” entendía que su país era exclusivamente para los estadounidenses.

Yo no creo que un nacionalismo mal entendido por sí solo pueda ser la clave para la resolución de problemáticas globales en las que tienen que comprometerse todas las naciones a partir de soluciones para su efectiva conclusión.

¿Se pretende entonces utilizar el sentimiento nacional para aplicarlo a la promoción de asuntos políticos o económicos buscando encerrar a las sociedades en el plano local haciendo abstracción de lo que ocurra en el exterior para dominar a los propios connacionales?

Creo que, ese no es el camino. Desde luego que los vínculos nacionales son muy importantes para crear pertenencia del ciudadano con su identidad territorial, cultural, política y social. Sin embargo, el nacionalismo irracional es pensar que una nación es suprema, es decir, que puede estar por encima de otras por lo que no sería necesario interactuar ni mucho menos solidarizarse en la solución de los problemas globales que puedan afectar su propia subsistencia, como la producción de armas nucleares y el calentamiento global, que se erigen en la actualidad en una verdadera amenaza para la humanidad. Todo ello, podría condenarnos a la extinción en el corto o mediano plazo de la vida humana.

Con un nacionalismo rampante estamos ante la amenaza de Estados aislados sin interés en la realidad mundial, dispersos y desinteresados como simples observadores del plano internacional a la espera de los resultados ajenos para tomar las medidas para su propia conveniencia. Más bien, creo que se recurre a las tendencias nacionalistas por la falta de innovación y de creatividad de grupos cerrados de políticos y de actores económicos que prefieren encerrarse en sus postulados para disfrazar sus debilidades internas y crear una burbuja de protección para defender sus intereses regionales sin percatarse deliberadamente de la realidad mundial en la que todos los países deben poner su foco estratégico para resolver conjuntamente los problemas reales que son de toda la humanidad.

En esta época, más que nunca necesitamos un planeta unido en torno de los intereses universales. Tanto deben preocupar a los gobernantes los problemas de su nación así como también atender las crisis globales para hacer posible la supervivencia humana y buscar la paz y el progreso de toda la humanidad. El nacionalismo no puede ser mal entendido.

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