Manuel Murillo Toro , presidente de Colombia dos veces en el siglo XIX en mi criterio es una de las grandes figuras políticas de la historia del país, un hombre íntegro, de comportamiento afable, no discriminaba a nadie, se ganó a pulso todos los cargos por su capacidad intelectual y prestigio que fue obteniendo en el devenir de los meses.
La primera presidencia la ejerció entre los años 1864 y 1866. Estudió medicina obteniendo excelentes calificaciones y no la ejerció porque sintió repulsión cuando un gobernante de turno en Chaparral lo obligó a exhumar un cadáver y examinarlo, entonces decidió estudia derecho y se ganó un espacio al lado de Vicente Azuero, ex constituyente de Cúcuta en 1821, y entró a los círculos de juristas bogotanos.
Fue un agudo analista y observador de la vida nacional y le tocó vivir los principales cambios de la República naciente entre 1836 hasta su muerte en 1880, nació en 1816.
Dijo Lázaro Mejía Arango, que Murillo Toro, se preocupó desde un comienzo de su primera presidencia, por mantener el equilibrio entre el ejercicio del poder federal y la soberanía de los Estados como clave de la paz y el progreso, que ninguno usurpara o achicara los poderes del otro.
Es decir, como defensor del orden territorial federal consideraba que la suficiente autonomía que le federalismo le daba a cada Estado, fortalecía a los líderes( antes los supremos)para que en su territorio ejercieran el poder sin las afugias de que serían interferidos por el poder central.
Esto lo creyó Murillo Toro porque el detonante de dos guerras se centró en la disputas por las soberanías regionales, de allí que durante la Guerra de los Supremos que fue una continuación de la Guerra de los Conventos, en Colombia estuvimos al borde de la secesión al menos en 3 regiones ( 1839- 1842), y luego durante la Guerra por las Soberanías, después de la sección del Cauca anunciada por Tomás Cipriano de Mosquera , y la guerra declara a la Confederación Granadina presidida por Mariano Ospina Rodríguez, los enfrentamientos fueron más encarnizados.
El triunfo de Mosquera dio pábulo o lugar al nacimiento del federalismo puro, porque la Confederación Granadina fue un federalismo híbrido con elementos del centralismo, y más por el autoritarismo de Ospina Rodríguez.
Manuel Murillo Toro, afirmaba que el Federalismo servía para la corrección general, que este modelo territorial era el que menos dividía, aunque pareciera lo contrario.
Fue un acérrimo defensor de la Constitución de 1863 (la de Rionegro), refiriéndose a las críticas que se la hacían a esa Carta Magna, consideraba que los ajustes se le podría ir haciendo sobre el lomo de las interpretaciones jurisprudenciales y doctrinales, o sea fue un futurista como abogado constitucionaliza, pensando en la jurisprudencia como fuente del derecho.
Es considerado como uno de los forjadores del pensamiento liberal radical, entre 1864 y hasta su fallecimiento ,los autores lo estiman como jefe del partido, sus contemporáneos también, sin nunca haber sido proclamado, sin el haberlo solicitado, figura importante de ese partido entre otros nombres como Tomás Cipriano de Mosquera, Rafael Núñez, Eustorgio Salgar, Santos Acosta, Aquileo Parra, Julián Trujillo.
Sus primeras experiencias ministeriales las realizó al lado de José Hilario López. Su anticlericalismo, por considerar que el Estado debía ser laico, le produjeron las críticas de obispos dogmáticos como Manuel Canuto Restrepo, que lo calificaba de perseguidor de los jesuitas por haber firmado actos administrativos dentro del proceso de desamortización de bienes de manos muertas, y haber impulsado la libertad de los esclavos, acusándolo de haber incitado a la rebelión a los africanos; de esta manera se ganó la animadversión de los terratenientes de Colombia que vieron perder la mano de obra gratuita.
Los mismos terratenientes aliados a los conservadores y el clero que le declararon la guerra a Hilario López y conformaron 23 focos de guerrillas conservadoras animando una guerra que duró 5 meses.
La segunda presidencia la obtuvo para ejercer el poder entre 1872 y 1874, triunfó ante competidores, Julián Trujillo, y Manuel María Mallarino, ambos después también serían presidentes de Colombia.
Los votantes confiaron que prolongaría sus ejecutorias que habían dejado buena recordación desde la primera presidencia, en los albores del Olimpo Radical y que sería el continuador de la aceptable administración de Eustorgio Salgar.
Ya había sido embajador en Venezuela durante el gobierno de Santos Acosta, y luego Magistrado de la Corte Suprema de Justicia, la Federal.
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