Diario Occidente

Mirando por el retrovisor

Víctor Manuel García

Normalmente los gobiernos de turno, tanto en el orden nacional, regional o local, tienden a usar el retrovisor frente a las acciones y falencias de sus antecesores, especialmente cuando son de diferente línea política o corriente ideológica, siendo esta una estrategia común y recurrente especialmente durante el primer año de su periodo de gobierno.

Sin embargo, vale la pena decir, que esta es una estrategia que busca posicionar una línea de gobierno a partir de las falencias del antecesor y no de las fortalezas propias, las cuales, teóricamente deben estar expresadas en un programa de gobierno con el cual fue elegido y que a su vez queda plasmado en un plan de desarrollo que normativamente debe ser consolidado en el primer semestre de su periodo.

El retrovisor es una opción que en la mayoría de las ocasiones no necesita mayor argumentación, convirtiéndose en una extensión de la retórica de campaña, que busca tener finalmente una identidad trazando diferencias frente a las acciones de periodos anteriores.

Sin embargo el retrovisor, si bien cumple la función de contribuir en las acciones para trazar la identidad de gobierno, también se convierte en un “caramelo” difícil de soltar que en muchas ocasiones se consolida de tal manera que los fallos e incapacidades de las administraciones, suelen escudarlas en esos puntos de tensión con sus antecesores, manifestando que algunos o muchos de sus fallos son consecuencias de decisiones tomadas antes de su llegada.

Pero, allí es donde los ciudadanos nos preguntamos ¿no es precisamente para corregir esos supuestos fallos que se eligió ese gobernante? ¿no se eligió a ese candidato porque argumentó que tendría la capacidad para tomar las “riendas” del territorio? O en su defecto ¿será que en Colombia se eligen personas en el poder ejecutivo, simplemente para que hablen mal y culpen por todo a sus antecesores?

En Colombia actualmente estamos viviendo un momento de alta complejidad, presentando desafíos inéditos que exigen gobernantes que sean capaz de rodearse de un equipo con talante y capacidad de enfrentar las diversas crisis que afrontan día a día los diferentes territorios a nivel nacional.

Por ejemplo, vemos en muchos casos estupefactos y en algunos otros casos condescendientes, como desde el gobierno nacional, prácticamente todos los días culpan al gobierno anterior por la escalada de violencia que vive el país, aún cuando su gobierno hace ya varios meses pasó la mitad de su periodo, teniendo un retrovisor muy grande y de mucho alcance para permitirse ese tipo de aseveraciones.

Lastimosamente, no se vislumbra capacidad y voluntad política real de tomar cartas en el asunto, tanto así que se manifiesta en escenarios internacionales un compromiso, que no se ve traducido en el ámbito local ni en presupuesto, ni en políticas públicas de fondo y mucho menos en programas de mitigación y prevención de la violencia.

Por otro lado, en el ámbito local vemos en muchos casos una tendencia similar, teniendo en cuenta que ya se va a culminar el primer año de su periodo, es decir el 25% del tiempo.

Es cierto, les tocó un primer año durísimo, para el cual ni el país, ni el mundo, estaba preparado, pero esto no significa que deban tomar un rumbo donde abunde el retrovisor y escaseen miradas para adelante.

Vemos que en muchos casos estos gobernantes locales, algunos de ellos elegidos en ciudades principales del Valle del Cauca, dan la sensación de no tener claro el panorama y la hoja de ruta para “sacar adelante” a sus municipios, todo lo contrario parecen gozar de un excesivo nivel de improvisación.

Nuestro país y por ende nuestras ciudades, requieren hoy más que nunca de gobernantes líderes y ambiciosos frente al desarrollo de sus territorios, que asuman retos y no que se queden agazapados y asustados con la situación que les tocó enfrentar, porque a un Presidente, a un gobernador o Alcalde, también lo eligen para que afronte los retos que traiga el camino, que asuma una visión de futuro y que no se quede únicamente mirando el retrovisor.

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