Desde el 15 de julio esta pandemia me cruzó la vida con un hecho que me alteró. Ha sido el peor tiempo de mi vida. El 20 de julio, domingo, Mauricio Ríos me llamó a decirme que Miguel Yusti había sido internado en Valle del Lilí, en la noche anterior, atacado por el Covid. El 15, sobre las 2:00 P.M., nos vimos en el consultorio del doctor Adolfo Vera, amigo y gran cardiólogo, protector de una generación de escritores y artistas, que me estaba infiltrando la rodilla que me dolía. Miguel había hablado con Adolfo y se nos apareció. Por fortuna, siempre mantuvo su tapabocas de “médico”, que usaba porque asistía a reuniones políticas. La preocupación no sólo era la situación de su enfermedad, gravísima, sino que Adolfo y yo vivimos una incertidumbre.
A mi me tomaron la prueba el jueves 24 de julio, más o menos rápida la EPS. Pero contamos día por día y hora, pensando en el contagio. Miguel, además, cuando salimos de la consulta, me trajo hasta mi apartamento. Estuvimos juntos como una hora.
Fueron días terribles. Me apoyaba en la sapiencia de Vera, hablabámos tres veces al día. Miguel es mi amigo del alma, con quien he vivido momentos maravillosos en la rumba, pero en la amistad, nos hablamos todos los días y cada uno cuenta con el otro. No había querido escribir nada, porque la enfermedad atacó a Miguel violentamente, en un día lo puso crítico, gracias a los médicos, empieza a mejorar. He decidido escribir esta historia, porque ayer Miguel le respondió un whatsapp a Galarza, a Mao, y ahora me ha respondido, le he dicho que esperamos su progreso de salud, y ha dicho “en eso estamos”. La prueba me la entregaron 12 días después, primero me llegó la del laboratorio y cinco días después la EPS, NEGATIVA. El día que recibí la prueba me dio gripa, había resistido para no tener malestar de nada.
Han sido noches infernales, pensando si estaba contagiado, pensando en el destino de Miguel. A él le toca seguir avanzando, todavía no sale de cuidados intensivos, pero confiamos que todo mejore. Todo ha sido muy grave y hemos sufrido, he mantenido mi fé, con la compañía de Adolfo y de Mao, que llama dos veces al día. Galarza también, sin duda, los amigos nunca fallamos. Esta es la historia que tenía atragantada, sin poder contar. Espero que le manden mucha fuerza a Miguel Yusti, mi amigo del alma.
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