Migración en Cali

Rosa María Agudelo

Las imágenes de los alrededores de la sede de Migración Colombia en el barrio La Flora de Cali son indignantes. Cientos de venezolanos haciendo fila, a sol y agua, durante horas en los alrededores de la entidad. Niños, mujeres embarazadas e incluso adultos mayores sin ningún tipo de orientación. Pero ahí no para la falta de consideración de la entidad. Esta situación impacta también a los vecinos de las cuadras circundantes. Vías invadidas por vendedores ambulantes, parqueaderos bloqueados y antejardines ocupados son su pan de cada día. La situación ha llegado al extremo de que los antejardines son usados para cambiar los bebés e incluso para que los que esperan hagan sus necesidades en ellos. La respuesta que le dio al Diario Occidente la directora de la entidad deja mucho que desear. No basta con que se diga que se hará lo posible por no molestar cuando la situación lleva meses. La sede de Migración ha estado en ese sector por décadas, pero una cosa era cuando se trataba de brindar una atención a los pocos colombianos que requerían cada día los servicios y otra muy distinta ahora que se debe atender la crisis de los migrantes venezolanos. No hay plan de contingencia que permita que dicha situación se atienda en una casa de barrio. Sin duda, hay que trasladar la sede a un lugar adecuado, digno para los usuarios y que no impacte a los vecinos. La administración municipal y la Policía también deben tomar cartas en el asunto y no dejar solos a los habitantes del sector. La situación puede desencadenar en un problema grave de seguridad para todos los involucrados.

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