Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Memoria sin desteñir

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Hay palabras que se destiñen con su uso. Por ejemplo si hoy le decimos a un niño que use la memoria, buscará en su llavero aquel pequeño artefacto donde grabó: agenda, selección de textos y fotografías personales. Nosotros en otrora entendíamos la memoria como aprender algo para recitarlo sin ningún apoyo. Nuestro primer dolor de cabeza fue el aprendernos las tablas de multiplicar y saber ubicar los lugares en un mapamundi mudo.

En las evaluaciones escolares dábamos respuestas orales mirando al maestro, hacíamos verdaderos aeróbicos cerebrales. En la Universidad nos tocaron catedráticos sabios que nos embelesaban con sus discursos de memoria.

Hoy están llenas de profesores que se limitan a enseñar repasando lo que proyectan desde sus videos beam. Las adolescentes construían sus memorias narrando en su diario, aquel hermoso libro en blanco que apreciaban como el mejor regalo de sus quince años y que sólo se lo mostraban a sus amigas íntimas.

Políticos y prestigiosos hombres de letras publicaron o dejaron inéditas sus memorias. Las hemerotecas representaban la memoria de los pueblos. Hoy los colombianos estamos afectado por el olvido, aunque la comisión oficial de la memoria sea una dependencia estatal. No sólo basta que nos enseñen la historia.

El riesgo es que si llegamos a perder la memoria colectiva estaremos condenados a repetir tales hechos dolorosos. La exposición de Jesús Abab Colorado es admirable porque no banaliza la reportería gráfica, sino que condensa nuestra memoria colectiva. El Testigo es un trabajo de investigación, con pedagogía en sus imágenes y memoria implícita escrita con mayúscula. Está en La Tertulia y sin desteñirse.

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