Esta semana, durante las jornadas de planeación pedagógica, los docentes seleccionaban los textos para trabajar con sus estudiantes en el área de Lengua Castellana. Algunos los escogían de los títulos que las editoriales ofrecen como “planes lectores”, lanzados como nuevos productos bibliográficos.
En esas reuniones se configuran dos tendencias: la tradicional, que defiende la vigencia de los clásicos de la literatura, y la que quiere acoger el nuevo mercado. Los renovadores argumentan que los títulos de la lista del plan lector son breves, dirigidos a jóvenes que ahora quieren textos livianos y relacionados con problemas contemporáneos.
Pero no puede llegarse a los extremos de oponerse a los cambios culturales o de desechar la literatura de los escritores consagrados. Como mis lectores me identifican como amigo de otrora, quiero recomendar “María” de Jorge Isaacs a los docentes que juiciosamente aún busquen una obra literaria que genere conciencia ecológica.
Mario Zúñiga, nuestro profesor de Lengua Castellana, hace medio siglo con la lectura de “María”, no sólo nos hacía derramar lágrimas con la bella historia de amor, sino que también nos hacía admirar los paisajes vallecaucanos al explicarnos la descripción metafórica de sus alamedas.
Como admirador de Jorge Isaacs, llegué a dudar de los anuncios apocalípticos por la destrucción de la capa de ozono que simultáneamente le escuchaba al profesor de Ciencias Naturales. Si mi recuerdo está lleno de nostalgias, seguramente los jóvenes de este calentamiento global, hoy lean “María” como el réquiem del medio ambiente. Docentes, también les recomendaría: “La Vorágine” de José Eustasio Rivera y “Cien años de Soledad” de García Márquez.
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