Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Las tres vidas de Gabo

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Siempre recordaré y admiraré a un exgobernador que siendo aún candidato, a un periodista que con una entrevista pretendía vulnerarle su derecho a la intimidad, contundentemente le aclaró que su actuar como hombre público no iba a depender de su vida privada, sino de su cerebro y de la capacidad administrativa. Recordé la anécdota a propósito del bochinche relacionado con la vida privada de Gabriel García Márquez, que esta semana fue vulnerada por algunos diarios y que se replicó en las redes sociales. A una persona que me llamó para saber qué opinaba de la noticia, categóricamente le respondí que sólo aceptaba preguntas sobre los libros de nuestro Nobel de Literatura. La calidad literaria no depende de la vida intachable del escritor. Amablemente le advertí que estaba acudiendo a una fuente equivocada y que mejor le recomendaría recurriera a una sección de divulgación de chismes sensacionalistas. Mi actitud correspondió a la ética que debe observar todo aquel que publique su opinión guiada por la convicción sobre el respeto que se debe profesar por la memoria de las personas ya fallecidas, sobre todo, tratándose del más grande escritor de la historia de la literatura colombiana. Alguna vez que Gerald Martín, uno de sus biógrafos autorizados, le preguntó sobre su vida personal relacionada con la amiga de sus años en París, García Márquez le recordó que “cada persona tenía tres vidas: la pública, la privada y la secreta”. Eduardo Novoa Montreal, consciente de las repercusiones de la confrontación del derecho a la vida privada y el alcance de la libertad de la información, publicó un breve ensayo sobre el conflicto de derechos tutelables, que les recomiendo lean primero antes de dar rienda suelta a la irresponsabilidad informativa. La intimidad de cualquier persona tiene un fuero legal amparado constitucionalmente como derecho fundamental. Las constituciones deberían extenderlo como un derecho que trascendiera de la existencia vital y se considerare como derecho póstumo universal. La vulneración del buen recuerdo hacia un fallecido, además de irreverente y de afectar su memoria, simultáneamente, atenta contra la dignidad del apellido que llevan sus familiares. Es muy mezquino aprovechar que alguien ya esté muerto para vociferar rumores o afirmaciones que en vida le vulnerarían el derecho a la intimidad. La estrategia utilizada en estos días es equivocada y vergonzosa, vulnera el derecho a la paternidad que ejerció a Gabriel García Márquez. Pretenden vender una noticia fundamentada en rumores a un gran público que admiró, sigue admirando y siempre será grato con el gran escritor debido a su legado literario. En contrario sensu, a los consumidores de los chismes de la farándula, por desconocimiento de quién fue el gran escritor, nada les significa el nombre de Gabriel García Márquez. Los chismes de la farándula a veces son causados y publicitados por los mismos personajes interesados en ganar fama. A Gabo la fama le intimidaba y pensaba que podía terminar en algo aterrador. Alguna vez le confesó a su amigo Plinio Apuleyo Mendoza: “La fama perturba el sentido de la realidad, tal vez casi tanto como el poder, y además es una amenaza constante a la vida privada. Por desgracia esto no lo cree nadie mientras no lo padece”. García Márquez no era un ser humano perfecto. Pero sí fue genio de las letras. Si a los irreverentes les preguntamos sobre su vida y obra, nos dejarían ansiosos de respuestas porque ellos sólo saben escribir sensacionalismo barato. Esperaron que falleciera para vulnerarle el derecho a la privacidad. ¿Por qué no lo hicieron antes? No los dejó el miedo a inspirarle otra diatriba, titulada “Diatriba de amor contra un chismoso sentado”.

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