Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Las ferias internacionales de libros

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Las ferias internacionales de libros de las principales ciudades del mundo, como por ejemplo, Filcali y Filbo, en Santiago de Cali y Bogotá, en el caso colombiano, desvirtúan todo pronóstico que pretenda desahuciar al más preciado artículo diseñado por el hombre en papel, gracias al ingenio de Gutenberg.

Siempre habrá personas que hallarán sentido a su transitar por este mundo cumpliendo tres nobles misiones: sembrar un árbol, procrear un hijo y escribir un libro.

Sólo los autores se perpetuarán inmortalmente. Ni el Google, ni las plataformas y ni las pantallas, llegarán a relevar los teclados y los linotipos.

Con los libros digitalizados pasa lo mismo que con las fotografías guardadas en las memorias de los celulares, son almacenamientos privados con relación exclusiva.

No esperemos observar alguna fotografía ajena de un celular, ni siquiera de la novia, en cambio una visita es amena cuando sin prevenciones todos repasamos los álbumes familiares.

Cuando alguien porta un libro debajo del brazo o lo lee entre sus manos, es factible que curiosos y con confianza le interrogamos sobre el título, el autor, el tema o la narración y ese lector, amable lo compartirá.

Si otra persona en su celular mira en pdf un libro, jamás nos atreveríamos a preguntarle qué lee en esa fría relación con su artefacto.

Es más, jamás tal “lector” nos prestaría ese aparato inherente a su corporalidad, porque consideraría impúdico mostrarlo.

Un amigo, de manera satírica me corrigió que no volviera a cometer la imprudencia de revisarle a alguien, aunque sea por unos segundos, esa prótesis de su cerebro.

Que eso acaba con amistades y hasta con relaciones maritales, porque no se puede vulnerar el símbolo de intimidad.

Tal vez, eso motivaría a la rectora Olga Narváez de la Institución Educativa “Misael Pastrana Borrero” del municipio Rivera, en el Huila, a considerar acto de indisciplina entre los estudiantes el porte impúdico de celulares.

Una feria internacional de libros es un fantástico diálogo entre autores y lectores en una ciudad imaginaria.

A Julio Verne, que inventó los viajes submarinos, alrededor de la tierra en ochenta días y los vuelos en globos a la luna y otros planetas, se le olvidó narrar qué ocurre en las ciudades de los libros, hubiese emocionado mucho con una metáfora sobre ferias internacionales de libros: los estand de las librerías son los edificios, los pasajes por donde caminan los lectores compradores son las calles, veríamos periodistas entrevistando a los autores y estos dialogando con el público.

A Italo Calvino se le olvidó incluirlas en “Ciudades invisibles”, siendo que son fantásticas ciudades de lectores, editores y autores, donde diferente a lo que ocurre cuando se acompaña las esposas a escoger ropa, las parejas sí van animadas y conversadoras.

La Feria Internacional del Libro de Bogotá Filbo, es una fantástica ciudad de sabiduría, amistad y alegría. Algo que esta vez trascendió su historia fue que Bogotá le reservó espacio a una amiga: Santiago de Cali fue invitada a Filbo.

México fue el país invitado.

Amamos la nación azteca, más que por su tequila y el ají picante, porque en tiempos difíciles le dio albergue a García Márquez, Álvaro Mutis y Fernando Vallejo.

En esta Filbo, tuvimos oportunidad de conversar con Sor Juana Inés de La Cruz, Ramón López Velarde, Juan Rulfo, Mariano Azuela, Octavio Paz, Alfonso Reyes, Carlos Fuentes, Juan José Arreola, Laura Esquivel, Rosario Castellanos, Sergio Pitol, Fernando del Paso, Carlos Monsivais, entre otros ilustres visitantes.

Las ferias internacionales del libro, más que vender libros en las plazas, siempre serán eventos patrimoniales que universalizarán la cultura.

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