Armar no es el camino

La voz del pueblo

Mario Germán Fernández De Soto

La mayoría de los colombianos expresamos de una u otra manera nuestro rechazo a la reforma tributaria y condenamos los actos de vandalismo, el hurto y los atracos por parte de algunos desadaptados y delincuentes comunes, al igual que rechazamos el exceso contra los civiles inocentes, pero, en últimas, se le dijo al señor presidente Duque: «¡No más impuestos!». Sin embargo, se propusieron por parte del equipo económico del gobierno gravámenes que impactarían los bolsillos de diversos sectores sociales y económicos, que afectaban a la mayor parte de la población.

Creo que el señor Presidente perdió una oportunidad para el consenso antes de llevar la reforma al Congreso de la República. Ahora, con la renuncia de parte de altos funcionarios del gabinete, se genera un nuevo reto para el diálogo nacional con los partidos políticos y que debe ser extensivo a todos los sectores del país, sí se quiere aclimatar las condiciones para la convivencia en momentos en que vivimos un proceso de convulsión social, económico y político, también agitado por actores políticos oportunistas y otros, al margen de la ley, que están causando un gran daño a nuestra institucionalidad .

Claro que los expertos en la materia coinciden en que es necesaria la reforma, pero pienso que hoy tiene que hacerse convocando a las bases sociales para escuchar la voz del pueblo y evitar errores que podrían dar al traste con un nuevo proyecto de ley.

El señor Presidente debe entender que este es el momento para la reconciliación con quienes se han sentido excluidos, a través de un diálogo abierto y sereno con la realidad económica que afronta el fisco nacional, porque también es menester equilibrar los gastos con los ingresos; de lo contrario, la situación fiscal de la nación sería más angustiante.

Se requiere atender el hueco fiscal con medidas que impulsen la reactivación productiva, la que a su vez permitirá el mayor recaudo para el tesoro nacional; con lo cual, se mantendrían los actuales programas sociales, se podría pagar la deuda pública y el mantenimiento de nuestras instituciones.

Es fundamental la construcción colectiva de una propuesta que permita dignificar a los más vulnerables sin menoscabar el tejido empresarial de la nación, puesto que en esta oportunidad está en juego no sólo la sostenibilidad fiscal y económica de la nación, sino también la cohesión social de todas y todos los colombianos como un mismo país. La voz del pueblo es la voz de Dios.

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