La vida te da sorpresas

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Sorpresas te da la vida, como dice Rubén Blades en su “Pedro Navaja”. Pero el mensaje musical pierde vigencia cuando ya nada parece sorprendernos.

No sorprende, por ejemplo, que algunos delfines en la política se alíen con los personajes cuyos padres en vida detestaban. No sorprende que otros cambien de partido político sin importarles aterrizar en organizaciones con ideología antagónica a la que pregonaban.

No sorprende que los gobernantes olviden las promesas de campaña. No sorprende que se presenten proyectos de ley maquillados.

Por algo dicen que este mundo es para los vivos. En fin, no nos sorprende lo que hagan los políticos, pero sí lo que escriban y respondan los escritores. Me sorprendió el caso protagonizado entre Mario Vargas Llosa y Gabriel García Márquez, quienes después de una década de amistad, fueron irreconciliables enemigos hasta la muerte de Gabo.

No se puede negar que ambos fueron caballeros ante la decisión que sellaron con un puñetazo en el rostro, porque fue un asunto guardado en total hermetismo. La ruptura fue tan seria que Mario Vargas Llosa decidió desautorizar la edición de su “Historia de un deicidio”, el primero e insuperable ensayo sobre “Cien años de soledad”, ya que el escritor le compartía los borradores en el camino.

Confieso que también me sorprende la decisión de Vargas Llosa de autorizar una segunda edición, después de cuatro años de la muerte de su amigo. Admirable su lealtad literaria al no cambiar ni una coma del texto original, a pesar de que en anduviesen por orillas políticas diferentes en los últimos años.

Su gesto es reivindicatorio, porque tampoco le escribió ningún prefacio. Pero una de las mayores sorpresas que te da la vida es cuando Ilan Stavans, reconocido traductor, filólogo, crítico, ensayista y “prestigioso” catedrático de literatura, aparece en BBC NEWS MUNDO, respondiendo a una entrevista que titulan con una denigrante frase suya: “Cien años de soledad es una larga telenovela disfrazada de literatura sofisticada”. Me sorprende porque Ilan Stavans escribió el ensayo que me hizo confiar de su seriedad intelectual durante una década: “Gabriel García Márquez. Los años de formación: 1927-1970”, publicado en Penguin Random House. Colombia 2010. ¿Será un giro senil el suyo o respondió ebrio a los periodistas? ¿Giro senil?, lo dudo porque él es cinco años menor que yo.

Pero ¿cómo alguien es capaz de mofarse de su propia obra intelectual producto de la investigación y la experiencia dialógica? “Cien años de soledad, es una telenovela disfrazada de alta literatura. Absolutamente. Son siete generaciones de Buendías, que no saben amar y continuamente se destruyen unos a los otros porque están encerrados en su propia soledad. Es el tema de las telenovelas”. Pero en su libro, Ilan Stavans, con argumentos serios nos explicaba cómo García Márquez logró que las fuerzas sociales, económicas e intelectuales, confluyeran en la configuración de Macondo.

Además, nos remite a una amplia bibliografía: la obra completa de García Márquez, más de veinte entrevistas, varios documentales y cincuenta fuentes bibliográficas de críticos.

Stavans me pone en un serio aprieto: ¿regalar o botar su libro? Qué va, si el autor es frágil de pensamiento, los lectores aprovechemos sus momentos de coherencia. Mejor con límpido borraré el nombre del autor. Sí le recomendaría a Ilan Stavans que siguiera el ejemplo de Mario Vargas Llosa, quien a pesar de la riña nunca se retractó de lo que escribió sobre García Márquez.

Con Sus declaraciones insulta la honorabilidad y sapiencia de la Academia Sueca. Ilan Stavans negó tres veces su obra intelectual. Padre perdónalo porque no sabe lo que hace.

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